«Hacer escuela en tiempo de pandemia» (Graciela Szyber)

Hacer escuela en tiempo de pandemia

Irrumpe una pandemia. El tiempo y el espacio adquieren otra dimensión. Lo preestablecido, aunque provisorio pierde el curso. Lo inestable nos incomoda aún más, dando lugar a la aparición de la angustia.

Desamparo e incertidumbre toman nuevos significados en estos días.

Lo pensable, da lugar a lo inédito. Lo creativo lucha por instalarse como respuesta a la necesidad de producción de la existencia misma.

Dónde nos posicionamos en estos tiempos como sujetos sociales de un planeta en pandemia que busca algún sentido a lo que estamos viviendo y alguna respuesta a un no saber.

“No nos preparamos para esto”, frase muy conocida por nosotrxs los que trabajamos en escuelas, pero en esta oportunidad adquiere nuevos sentidos. Asistimos a un tiempo que parece no darnos tregua, nos pone a actuar apresuradamente.

Estamos mareados en una temporalidad muy difícil y muy extraña.

Necesitamos salir de la captura que nos produce este tiempo. Tiempo de encierro, de cambio de perspectivas, de nuevos modos de habitar el planeta. Buscamos renovados encuentros de intercambio con el otro, formas novedosas de entender el acompañar y de construir modos de hacer escuela.

Aparecen diferentes fotografías de época, en la casa algunos con un aula virtual, otra/os entre fotocopias, o en un cuarto de hotel compartido con hermanos, desplazando así en este entretiempo el paisaje áulico, para producir nuevas territorialidades.

La escuela, sosteniendo su quehacer, acompaña como puede estos nuevos espacios. A sus alumnos de siempre, con sus docentes, con sus padres. Se abren impensables territorios. Impensados como la pandemia misma.

El territorio es un lugar vivo, móvil. Espacio donde se constituyen vincularidades, que habitarán estas experiencias. Se arman nuevas territorialidades, entendiendo que el territorio no es un espacio abstracto, es la configuración activa que se crea en el mismo. Estos son territorios, como espacios vividos, construidos constantemente por los que lo habitan.

No nos preguntaron, aconteció. Estamos compelidos a habitar esta situación, esta experiencia, estos nuevos territorios. La escuela que busca acompañar en estos tiempos se plantea que lugar tomar. ¿Cuál será su nueva territorialización?

De que se tratará en estos tiempos de pandemia estar presente allí, armar esta nueva configuración, un nuevo territorio escolar que acompañe a nuestros niños/ñas/adolescentes a transcurrir estos tiempos sostenidos por un otro que también se encuentra afectado íntimamente.

En este tiempo de infancia, habitar la escuela sigue siendo pertenecer, ser parte, como condición indispensable y posibilitadora.

¿A qué llamamos habitar la escuela?

Habitar un espacio es convivirlo, construirlo, entenderlo, comprenderlo, desaprender y aprehenderlo. Detenerse para seguir encontrando el camino, para perderse en los derroteros propios. Produciendo allí lo que puede un cuerpo, a decir de Spinoza. Estar conectados, de alguna manera, con algo que pasa en la situación, estando adentro de la cosa; produciendo modos de presencia. Formas de entendimiento.

Habitar este  nuevo transitorio espacio escolar tal vez sea con sensación de posibilidad. En un continuo ir habitando, en la diversidad de formas no cerradas, no anticipadas, no para siempre. Comprender la existencia de cada niño y niña que forma parte de eso que está habitando. Intentando que no se me pierda. Que no quede en el camino.

Probar alternativas posibilitadoras de una construcción colectiva. Sin olvidar en ese intento de la diversidad que componía mi aula, mi escuela. Produciendo, en lo posible, espacios de escucha, de diálogo, de acompañamiento.

Acompañar es estar, en esa pronunciación profunda del “Heme Aquí”, como Estado, como Escuela, como adultos responsables que sostienen.

Podemos pensar, que pasamos de una desterritorialización, acontecida por la pandemia a una transitoria territorialización que construye diferentes formas de “tramar un entre”.

Intentemos pensar en una intervención posibilitadora. No en una que reproduce lo mismo por otros medios, suerte de repetición de aquello que nunca funcionó en presencia.

“Juan se vistió para ver a sus amigos en la pantalla, quería saber como estaban. Le pidió a su mamá que le ponga gel en el cabello, para estar lindo, eligió su camisa de palmeras, la mejor que tenía. Juan se sentó, comenzó el encuentro. La seño saludo a todos. Como están les dijo. Juan quería levantar la mano, explicarle que maso. Que estaba un poco asustado. Que estaba triste. La seño les contó que esperaba este momento, para verlos. Él se puso contento. Al ratito les pidió que juntos hagan el trabajo que les proponía … juan no pudo contarles nada”.

 

Lic. Graciela Szyber

Psicopedagoga

Equipo Entramando Escuelas

Comisión de Clinica y Educacion

Forum  Infancias