Las etiquetas y las marcas como formas de violencia.

En una época, sólo la certeza me daba alegría. Imagínense…la certeza, una cosa muerta.”

Durazno maduro, de Louise Glück

Es sabido que el mercado etiqueta y le pone el nombre de la marca a las cosas que comercializa.  
Sin embargo, en nuestros días, pareciera que también se etiqueta a las personas con nombres que pasan a ser identitarios; pero no somos cosas ni estamos a la venta, aunque intenten enmarañar nuestras formas de estar transformándolas en formas del ser. 

Esas marcas duelen, ejercen violencia y dejan cicatrices difíciles de borrar. 

Tal vez las clasificaciones nos resulten ordenadoras y nos tranquilicen aunque sea por un momento al acotar la realidad a un nombre pero también empobrecen nuestra mirada y reducen nuestras posibilidades para actuar. 

“Ser, tener y estar” son tres verbos bien diferentes. 

¿Acaso es lo mismo tener miedo que ser miedosx, estar ansiosx que “serlo”? 

Equipararlos sería una arbitrariedad y un atropello. 

Sería un modo de cosificar avasallando derechos, negando nuestra dimensión diversa y de ser con otrxs, ya que no podemos pensarnos aisladxs, disociadxs del contexto ni de las condiciones sociales de existencia que nos determinan interpretando además una dificultad o cualquier otra condición como una cuestión “individual”. 

Somos siempre con otrxs y entre otrxs. Es el lazo el que nos constituye al mismo tiempo que lo creamos. Somos en la reciprocidad de los intercambios.

¿Qué les pasa a lxs niñxs o a lxs adolescentes cuando se lxs rotula de “hiperactivxs”, “oposicionistas desafiantes” o “desatentxs”, entre otras etiquetas, siendo señaladxs desde una supuesta dificultad, como si fuera el rasgo único que lxs define e identifica? 

Lxs niñxs y lxs adolescentes son mucho más que un rasgo y esas etiquetas suelen perdurar a lo largo de toda la vida.

jaula barrilete

Las palabras pueden ser como jaulas.  Pueden atraparnos dejándonos capturados por un cazador -muchas veces invisible- que nos encierra en un decir totalizador desde una certeza que parece determinarnos.

Así funciona un proceso de cosificación: 

  • Toma un rasgo por el todo.
  • Pasamos a ser un número que forma parte de las estadísticas.
  • Establece criterios de medición y validación.
  • Fragmenta el pensamiento, lo descontextualiza y lo desculturaliza, des- situándolo.
  • Pone la atención en el ser y lo disocia del estar, para separarlx de la cultura que habita.
  • Lx fetichiza reduciéndolx a una mera mercancía con identidades fijas.
  • Lx moraliza ubicándolx en las categorías de lo bueno o lo malo.

Dijo el filósofo Baruch Spinoza en el siglo XVII en su libro Ética:

“Todo ser posee una esencia singular, es decir, un grado de potencia, y en ese grado de potencia se expresa el poder de afección del que es capaz.”

Baruch Spinoza
Baruch Spinoza

Si cosificamos a lxs otrxs reduciendo su ser a un nombre, a una sola cualidad, lxs transformamos en objeto, y desde una pretensión clasificatoria estaremos ejerciendo sobre ellxs lo que Rita Segato ha llamado crueldad.  

La contracara de este proceder sería responder responsablemente y sin ejercer violencia, desde la lógica del cuidado y del amor.

La normalidad, autoritariamente desde la lógica de la dominación, impotencia las relaciones en lugar de potenciarlas desde la diversidad, genera una falsa ilusión de igualdad que es violenta y discriminatoria al dejar fuera a quien se aparta de ella.

Pensar desde la complejidad implica abrirnos a una mirada relacional, situada, que da lugar a los conflictos y a las diferencias, no para anularlas sino para fortalecer en ellas lo vital, para alumbrar lo novedoso en su existir. 

Es reconocer los modos de construcción y los procesos generativos de cada unx.

Entonces, ¿cómo humanizar nuestras prácticas?

Podríamos humanizarnos si . . .

  • Nos implicamos reconociendo la fuerza de lo diverso para re-habilitar proyectos comunes y exploraciones. Prácticas de cuidado, narrativas plenas de formas de imaginar el mundo.
  • Nos aliamos entre nosotrxs para pensar dentro del ecosistema del que formamos parte.
  • Darnos cuenta de los juegos de tensiones y de las fuerzas entramadas.
  • Trazar una cartografía que integre los códigos compartidos, los lenguajes, las percepciones sensibles desde nuestros propios cuerpos situados en un campo de fuerzas, en una relación variable, ya que está viva y muta.
Niños pintando un mural

Es innegable que la condición humana es múltiple en todos los planos: biológico, psicológico, espiritual, simbólico, lingüístico, cultural, emocional, social, relacional, vincular, histórico…

Es la diversidad, lo diferente, lo desconocido lo que alimenta nuestra curiosidad y potencia nuestro deseo de saber.

¿Qué hace la discriminación?

Crea estereotipos, prejuicios que simplifican a través de un rasgo que, generalizado y apartado, subestima, descalifica, vulnera y produce sometimiento y maltrato separando, fragmentando y por lo tanto expulsando. 

La discriminación y la estigmatización nombran al otrx desde un rasgo al que reducen todo su ser. 

Así nombra a quienes excluye: lxs inquietxs, lxs vagxs, lxs distraídxs o desafiantes… Parecería, así planteado, que se trata de un asunto “individual” que sólo pertenece a quienes señala como si los contextos o lxs demás nada tuvieran que ver con el problema.

Sin embargo elYo” nunca fue “yo” en estado puro. “El otrx” siempre estuvo. ¿Sería posible semejante reduccionismo? ¿O acaso sería justo exigirle a lxs niñxs que resuelvan aquello que es llamado “trastorno” cuando son afectados por situaciones en las están ausentes? Padres o madres desempleadxs, conflictos sociales, malnutrición, violencias institucionales, miedos, excesos de autoridad, etc.

Es evidente que la formulación del problema cambia todo, tal como nos plantea Gilles Deleuze al decir “todo problema tiene la solución que merece su formulación”.

Desde la perspectiva de derechos prevalece la diversidad desde la ética del cuidado y la alteridad al considerar que nos constituimos desde lxs otrxs y no somos autónomxs e independientes sino que tenemos registro de nosotrxs mismxs en virtud de las afecciones que nos producen los mutuos intercambios con otros cuerpos. 

En estos tiempos signados por el desasosiego y la exigencia de rendimiento sería importante detenernos a escuchar, recuperar espacios de diálogo, de búsqueda colectiva, evitando quedarnos atrapados en nuestras propias representaciones o interpretaciones, que son proyecciones de nosotrxs mismxs.

La alteridad es una experiencia que nos pone en contacto con lo que acontece, con lo que “no soy Yo”. 

Otro problema muy serio, que conlleva el uso de etiquetas, derivado del auge de las neurociencias, es el incremento de la patologización y la medicalización en general y en particular en las infancias y adolescencias, al considerar al sufrimiento como causado por un funcionamiento cerebral deficitario dejando de lado otras circunstancias e incidencias como su condición familiar, ambiental, cultural, social, económica, epocal, etc.

El Forum Infancias trabaja para despatologizar y desmedicalizar a las infancias, y se opone a las estigmatizaciones ya que cercenan derechos dado que cuando lxs niñxs se muestran desatentxs o inquietxs, y se lo observa sólo desde la perspectiva biologicista, podrían ser diagnosticadxs y calificadxs como padecientes de un trastorno o un déficit en lugar de preguntarnos ¿Qué les pasa? ¿Qué necesitan de nosotrxs, de la escuela o de su familia?

En tal caso, podríamos decir que lxs ansiosxs somos lxs adultxs cuando elegimos soluciones rápidas sin darnos el tiempo para escuchar, conversar, observar e indagar, para prestar nuestra atención a la expresión de lxs niñxs y lxs adolescentes para llevar a cabo políticas públicas de cuidado e intervenciones que tomen en cuenta esta complejidad. 

La escuela, como espacio subjetivante y tal como lo plantea Francisco Cajiao, refleja la sociedad en la que se encuentra por lo que es importante no perder la perspectiva histórica y social cuando la pensamos y nos pensamos en ella.

Tal vez se trate de descartar un saber hegemónico y de habilitar saberes contextuados que pudieran convivir entre sí, sin someterse unos a los otros, aceptando el riesgo de la complejidad y de la incertidumbre para evitar reproducir procesos de pensamiento marcados por la rigidez, la repetición mecánica y la ausencia de flexibilidad para propiciar la emergencia de una singularidad sin ocultarla detrás de una etiqueta.Sara Paín sostenía que “cada vez que nos planteamos una pregunta sobre los problemas del aprendizaje nos enfrentamos a nuestras propias dificultades de aprendizaje y nos sugiere hacer más énfasis en el proceso singular de cada quien más que en el rótulo que se le asigna, ya que de ese modo la subjetividad no está puesta en consideración”.

¡Ojalá podamos transformar nuestra visión en mirada!

Ana Kurtzbart

Autora

Ana Kurtzbart

(Lic. Psicóloga) Miembro de la Asociación Civil FORUM INFANCIAS.

Bibliografía