Rosario y el viaje a la Isla de los inventos. Una experiencia inolvidable.

Rosario La isla de los inventos

Yo, María de los Ángeles «Chiqui» González, JURO por la Patria de la Infancia, la Imaginación y la Memoria desempeñar con entrega y compromiso mi cargo de Ministra de Innovación y Cultura del Gobierno de la Provincia de Santa Fe, haciendo respetar la Constitución y las leyes de la Provincia y la Constitución Nacional. Si así no lo hiciere que los niños y el pueblo santafesino me lo demanden.” (2007)

María de los Ángeles “Chiqui” González, el 30 de noviembre del 2012, en el marco de la Fiesta de Graduación de los nuevos Maestros Universitarios Escoceses, recibió la distinción Doctor Emérito Honoris Causa de manos de las autoridades de la Universidad de Aberdeen, Escocia.

Entre el río, los parques y el cemento, Rosario creó un lugar dedicado a las infancias.
Este proyecto nació a fines de los años 90 con el nombre “La Ciudad de los Niños y la Isla de los Inventos”, iniciativa impulsada por María de los Ángeles “Chiqui” González, acompañada por la creación de muestras y dispositivos lúdicos que dieron lugar en el año 2004 al actual “Tríptico de la infancia” de Rosario, integrado por la Granja de la Infancia, el Jardín de los niños y la Isla de los Inventos, que actualmente son orgullo de los argentinos en general y en particular de los rosarinos, quienes nos representan en el exterior.

En esta oportunidad tuvimos el inmenso placer de visitar “La isla de los inventos”:

En un viejo galpón, que en otro tiempo fuera una estación de tren, pudimos viajar por el tiempo poniendo a jugar nuestros sentidos.
En este lugar, donde Siempre es Todavía, a diferencia del País del Nunca Jamás donde lxs niñxs no crecen, las infancias experimentan para aprender, crear, descubrir y conocer desde el juego, el movimiento, el pensar y la pregunta siendo escuchadas, consideradas y respetadas.
Reivindicar a las infancias es recuperar la belleza del mundo poético, de la fantasía, de la imaginación, del juego compartido y de la invención colectiva.

Las instalaciones ofrecen una diversidad de propuestas que estimulan la curiosidad y el asombro.
Encontramos un espacio dedicado a los miedos que decía: 

“Aquí cuidamos los miedos que valen la pena”

“Su miedo sirve, no lo deseche todo”

“El miedo a crecer está muy autorizado”

“Atención, no sustituimos un miedo por otro.”

Allí descubrimos un montón de miedos muy interesantes: los miedos en proceso, los pasajeros, los secretos, los de verano, los confusos, los pegajosos, los pesados, los raros, los viejos, los fugaces, los lógicos, los frecuentes y los asquerosos, entre muchos otros.
Esta descripción, lejos de tener una intención clasificatoria, nos da la pauta de la diversidad de sentires.

La Isla de los Inventos

Visitamos El Taller de Corazones Rotos, Pinchados, Desinflados, Gastados o Averiados, lugar que nos dio la posibilidad de repararlos, aprendiendo a utilizar herramientas muy sencillas y fáciles de usar como martillos, tenazas, prensas, soldadoras, entre otras.

Luego nos atrapó un espacio para pensar acerca del tiempo y nos preguntamos dónde está el tiempo en una foto o en el lenguaje. Allí recibimos un regalo inesperado: una pócima para viajar a un recuerdo y nos quedarnos en él por un ratito. También nos preguntamos acerca del espacio infinito.

al dejar de lado las propuestas clasificatorias y los estigmas, entramos en contacto con el mundo de las posibilidades«

Isla de los Inventos
Isla de los Inventos

Conocimos el teatrillo de comediantes, donde se pueden componer personajes que juegan al juego de las representaciones, estuvimos en el mundo de las imágenes animadas y visitamos el kiosco de ópticas y miradas.

Entramos a la fábrica donde nacen los cuentos y la de los objetos, en homenaje al mundo del trabajo, donde se transforman los materiales y donde la invención de las ideas es parte de la creación.

Vivimos la experiencia de elaborar artesanalmente papel, entendiendo cuántas manos participan en el proceso de su creación, ya que construir nunca es asunto de unx solx.

También pudimos escribir versos en la arena e inventar poemas entre palabras mezcladas en un mar de fueguitos, en el marco de un paisaje nocturno dispuesto para encender el cielo con poemas, “prendiendo un verso como una lámpara, estirándonos hasta alcanzar la vibración de las palabras en los confines del lenguaje.”

Pudimos iluminar la memoria evocando colores, olores, imágenes a modo de retazos en los que dimos nuestras puntadas.

Todo esto y mucho más pasó en la Estación.

En la vieja Estación Terminal Rosario Central, donde ya no llegan los trenes pero que aún invita a viajar de muchos otros modos.

 Al entrar nos encontramos con esta leyenda:

”Decir estación es como decir gente en movimiento
jamás quedarse quietos
nunca entregados al olvido (…)
(…) decir estación es como decir nosotros,
romper el tiempo de la espera,
brindar por los trenes
y dejar que las vías de la historia nos traigan hasta aquí.
Entonces en el nombre de los chicos
ponemos los andenes a vivir…”

Un lugar de partida para seguir andando como navegantes

En un sentido paradojal la estación es un lugar de tránsito y a la vez de llegada o de detenimiento. 
Es un paraje para estacionarse y quedar a la espera o desde el cual partir y seguir andando.  
Las infancias son un lugar de partida para seguir andando como navegantes de mundos reales e imaginarios, construyendo relatos que nos invitan a transitar por lugares desconocidos donde siempre se puede llegar más lejos.
Y… aunque muchxs las consideran una promesa de futuro, las infancias son hoy y necesitan expresarse siendo escuchadas y respetadas en su condición de ser, seres humanos. Nos costó salir de la estación y despedirnos de Rosario pero nos dejó un sentir inspirador al conocer un lugar donde la magia sucede cuando miramos con ojos de niñx, del niñx que fuimos, somos y seremos, como nos enseñó Francesco Tonucci, defensor ferviente de los derechos de las infancias. 

Al dejar de lado las propuestas clasificatorias y los estigmas, entramos en contacto con el mundo de las posibilidades, sin subestimar a lxs niñxs por el solo hecho de ser pequeñxs, ya que lo son sólo en su tamaño.   Romper con el adulto-centrismo y rescatar la voz de las infancias supone ensanchar nuestra mirada ante la grandeza de su capacidad creadora, de su potencia constructiva, de su imaginación y de una enorme capacidad de asombro, que ojalá nunca perdamos.

Rosario La isla de los inventos
Lic. Ana Kurtzbart

Autora

Ana Kurtzbart

Psicoanalista especializada en clínica con niños.
Miembro de la Asociación Civil FORUM INFANCIAS

 

Bibliografía sugerida