La interdisciplina, la infancia y el lenguaje como territorio compartido.
Introducción
Pensar las infancias y el lenguaje desde una perspectiva interdisciplinaria no es simplemente articular saberes, sino construir un espacio de diálogo donde las distintas disciplinas se dejen afectar entre sí. La interdisciplina no es suma de miradas, sino producción de sentido nuevo. En el campo de las infancias, este enfoque se vuelve imprescindible, porque los niños y las niñas no son un objeto de estudio fragmentable, sino un sujeto en constitución, atravesado por dimensiones biológicas, psíquicas, sociales, culturales, históricas, lingüísticas y políticas.
Desde mi perspectiva como terapeuta del lenguaje, la infancia debe ser pensada como un territorio simbólico en construcción, donde el lenguaje no es un simple instrumento de comunicación, sino una estructura que funda la subjetividad. Niños y niñas no “aprenden” el lenguaje solamente: se es hablado por el lenguaje antes de hablarlo, y la actividad terapéutica debe considerar que esto se apropia, se encarna, se incorpora (se hace cuerpo), haciéndose necesario ser generadores de experiencias significativas para dicho proceso. Para tal fin es necesario considerar que la clínica no es sin los padres, la escuela, el espacio social. Esta es una relación importante entre interdisciplina y territorios compartidos.
El lenguaje como matriz subjetivante
El lenguaje no se puede reducir a palabras ni a estructuras gramaticales. Es un orden simbólico que antecede al sujeto y lo inscribe en una red de significaciones. Se nace en un mundo ya hablado, ya nombrado, ya organizado simbólicamente. Antes de decir “yo”, ya es dicho por los otros.
Desde esta lógica, la infancia no puede pensarse sin el lenguaje, porque es en el campo del lenguaje donde se constituye el sujeto. La voz del otro —madre, padre, cuidadores, docentes— no es neutra: porta deseo, expectativas, mandatos, afectos y significaciones que estructuran la subjetividad infantil.
Por eso, cuando hablamos de dificultades en el lenguaje, no hablamos solo de trastornos o déficits, sino de modos singulares de inscripción subjetiva en el campo simbólico.
Si entendemos que la niñez no se trata solo de un organismo que adquiere funciones, sino de una subjetividad que se constituye en relación al Otro, en donde el lenguaje es el medio fundamental de esa constitución, pensamos que hay que darle lugar a la función de la palabra en la construcción del yo, el lugar del deseo del Otro, la función del nombre, las características del contexto socio/cultural, el valor simbólico de la voz, el cuerpo como cuerpo hablado en un escenario de complejidad en donde el lenguaje no solo organiza el pensamiento: organiza el cuerpo, el afecto y el lazo social.
Por eso, las dificultades del lenguaje no pueden ser abordadas solo como fallas funcionales, sino también como expresiones de un modo singular de estar en el mundo.
La interdisciplina como ética de trabajo
La interdisciplina no debe ser entendida como una técnica organizativa, sino como una posición ética y epistemológica. Trabajar interdisciplinariamente implica renunciar a la ilusión de saber total, aceptar la incompletud del propio discurso y abrirse al saber del otro, y en el campo de las infancias, esto supone que ninguna disciplina puede arrogarse la verdad absoluta, ya que por sí solas ninguna de esas miradas alcanza, entonces, la interdisciplina no es yuxtaposición, es articulación simbólica: podemos tomar de la medicina cuestiones biológicas, de la psicología modelos del desarrollo y entendimiento de procesos cognitivos, del psicoanálisis la lógica del sujeto y del deseo, de la sociología elementos contextuales. Todo esto permite la emergencia de nuevos discursos y saberes que aporten a la comprensión y a la práctica clínica/terapéutica del lenguaje en las infancias. Discursos y prácticas que no fragmenten a niños y niñas en áreas. Esto implica: dispositivos de trabajo compartido, espacios de escucha, construcción de hipótesis comunes, respeto por la singularidad del sujeto, pensamiento crítico. Entonces la interdisciplina no es protocolo, es vínculo, respeto, reconocimiento, singularidad, construcción.
La escuela como escenario simbólico
Esta perspectiva implica pensar a la escuela no solo como un espacio pedagógico, sino también como un escenario simbólico de inscripción subjetiva en donde niños y niñas aprenden contenidos, aprenden lugares, roles, identidades, posiciones discursivas.
El lenguaje en la escuela no solo clasifica, nombra, ordena, jerarquiza; también muestra y construye lugares, pertenencia, identidades. Por eso, la interdisciplina también debe estar presente en el campo educativo, evitando lecturas reduccionistas que transforman al niño en diagnóstico.
La familia como parte
Un principio en el trabajo con infancias debe considerar que no es sin las familias, pero no como un mero acompañante del proceso terapéutico, pedagógico o social, sino como un agente estructurante del lenguaje y de la subjetividad. La terapia —especialmente en el campo del lenguaje infantil— no se limita al consultorio, sino que se despliega en la trama vincular cotidiana donde el niño habla, calla, escucha y es escuchado.
En esta perspectiva, la familia no “aplica ejercicios”, sino que transforma su posición discursiva, permitiendo que el niño encuentre un lugar propio en la palabra. La intervención terapéutica, entonces, implica también una intervención sobre el lazo familiar, entendiendo que el lenguaje se construye en relación y que todo cambio clínico supone un movimiento en el entramado vincular.
Conclusión
Pensar la infancia, el lenguaje y la interdisciplina implica asumir una posición ética frente al sujeto, en donde no se trata de corregir al niño para adaptarlo al sistema, sino de construir dispositivos que permitan alojar su singularidad, y allí la interdisciplina no es un método técnico, más bien constituye una política del cuidado en donde entendamos al lenguaje, no solo desde la gramaticalidad y la función comunicativa, sino como el lugar donde el sujeto se constituye.
Desde esta perspectiva, trabajar con niños es siempre trabajar con la palabra, el deseo, el lazo social y la subjetividad en formación.
Bibliografía
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