Enumeraciones
Que no se le ocurra a la madre hornear pastelitos, pensar en la abuela, ver si está el sol, limpiarse las manos, convocar a la hija.
Ojalá no quiera pedirle que vaya, hablarle del bosque, hacerle advertencias, exhibir sus temores, envolver los pasteles, alcanzar la canasta.
Que no se acuerde a último momento, del atardecer, del camino con sombra, de la caperuza roja. Que no se rían hablando del cura, que no mande un recado, que no repita el ritual de los besos, y que no repita el recado.
Que la chica no calce sus botas de invierno, que no se suelte el pelo planeando cambiar de camino, que no endurezca el brazo para cargar los regalos, que no sonría con los ojos desbordantes de flores.
Que no sea tan bella al salir de su casa, cerrando la entrada con el gancho de alambre, transitando erguida una luminosa distancia, flameando el adiós con la mano. Torciendo la porcelana del cuello, apurando las piernas tejidas, luciendo cordones, desenrollando rizos.
Que el bosque no despliegue su espacio ambiguo, que ella no respire el olor a conejo, que no meta los pies en la piel del sendero, que no siga a las aves, que no extrañe la menta mordiendo el aire.
Que no busque, al descolgar la mirada, al cazador rectangular que le ocupa los sueños. Que no dependa de su ayuda. Que no se deshaga en mariposas su alma. Que no lo quiera. Que no lo espere excitada.
Que nada la lleve a charlar con extraños. Que no se impresione con las voces graves, los portes distinguidos, las frases llenas. Que no la envuelvan las palabras difíciles, los giros idiomáticos, los argumentos fértiles.
Que no la siga el lobo a contramano del viento, que no se adelante a zancadas, que no utilice los datos, que no lo proteja la sombra, que no lo embravezca el hambre, que no lo apriete su goce.
Que no desparrame a la señora, y la llene de dientes, de desprecio, de abertura, de líquidos. Que no la deje amortajada en su delantal de domingo, que no juegue a ponerse el piyama.
Que ella no golpee la puerta, que no llame. Que sospeche de la chimenea apagada. De la ventana rota, del olor a carne, del frío del aire.
Que él no pueda mentirle en la cara.
Que a la chica la proteja su cuota de desconfianza. Que le den impresión las orejas heladas, que le den asco los ojos con pelos. Que no discuta sobre el tamaño de los dientes. Que no se sienta mejor escuchada, que no importen las dimensiones del dedo.
Ojala su instinto le diga que escape, que no se sienta retenida. Que no haya en la escena ni hueso, ni violación, ni sangre.
Que no conmueva el lamento de todas sus hermanas. Que no exista una morgue para estudiarla. Que no sucedan las marchas levantando su cara. Que no pongan velas reclamando justicia. Que no abran un expediente. Que no tengan que nombrarla y nombrarla y nombrarla.
Que haga el camino de vuelta. Que la bendiga el sol, que las aves la sigan, que la extrañe la menta, que el camino le preste la piel, que el bosque huela a conejo. Y a ella le bailen los pies.
Profesora Licenciada en Psicología.
Miembro del FORUM Infancias desde 2021. Docente, perito de oficio, atención de adultos y familias.
Experiencia como docente (UBA, Usal y Profesorado Don Bosco), como psicóloga de planta (Htal de Clínicas, equipo de familia) y como directora de Centros de Día (para personas con discapacidad).











