Entre saberes e instituciones, ética y territorialidad.
En el siguiente escrito haré referencia a la educación en el Nivel Inicial en el cuál me he desempeñado durante treinta y dos años, tanto en el cargo de docente de sala, como secretaria y directora de instituciones de gestión pública en la ciudad de Buenos Aires.
Introducción
El Nivel Inicial marca el comienzo de la trayectoria de la escolaridad de las niñas y los niños. El Jardín de Infantes constituye la mejor oportunidad para desarrollar sus capacidades cuyo impacto será determinante en su escolaridad futura.
Desde los primeros años de vida, la escuela se convierte en un espacio de socialización, aprendizaje y construcción de subjetividad. En este sentido, este nivel de enseñanza cumple una función social y pedagógica de enorme trascendencia, garantiza el derecho a la educación desde los primeros años y promueve la igualdad de oportunidades. Se organiza en dos ciclos: Jardín Maternal (45 días – 2 años) y Jardín de Infantes (3 – 5 años)
Desde las políticas públicas, el Estado Argentino reconoce el nivel inicial como parte del derecho social a la educación. La Ley de Educación Nacional Nº 26.206 (2006) establece la obligatoriedad de la sala de 5 años y promueve la ampliación de la oferta para las salas de 3 y 4, con el fin de garantizar el derecho a una escolaridad inclusiva y de calidad.
El nivel inicial, tal como lo define el Diseño Curricular para la Educación Inicial de la Ciudad de Buenos Aires se concibe como “una unidad pedagógica que asume la responsabilidad de favorecer el desarrollo integral de los niños y las niñas, a través de experiencias significativas que articulan el juego, el conocimiento y la convivencia”. Rosa Violante (2013) destaca que “la educación inicial es una etapa donde se sientan las bases de la personalidad, la autonomía y la capacidad de aprender con otros”, señalando que el “vínculo afectivo y el juego son pilares del aprendizaje temprano”.
Unidad Pedagógica
La unidad pedagógica se debe pensar como un proceso educativo continuo y no sólo asistencial. En los últimos años se ha observado un cambio significativo en la función de la escuela como institución. La misma se ha visto afectada por la falta de respuesta por parte del Estado Nacional en las necesidades básicas de una importante parte de la población, adquiriendo la escuela un rol asistencial con sus alumnos y alumnas, así como la escucha a las familias. Este cambio que se menciona, ha provocado un detrimento en la función pedagógica de la escuela. Otra situación que también afecta a la tarea pedagógica, es la sobre carga de actividad burocrática en los docentes y en el equipo directivo, desviando nuevamente la tarea fundamental de la escuela, que es brindar el derecho a la educación.
La finalidad del nivel inicial es promover el desarrollo de capacidades cognitivas, afectivas, físicas y sociales, estableciendo bases para aprendizajes futuros, siendo una institución que articula la función educativa con la función social. En el caso de los jardines públicos, el compromiso con la comunidad es un rasgo constitutivo. La articulación con la familia y la comunidad es fundamental para la tarea educativa. Se debe garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad. En este contexto, la escuela se convierte en un espacio de democratización del saber. Como señala Emilia Ferreiro (1999), “el acceso temprano a la cultura escrita y al lenguaje en contextos ricos y diversos permite reducir las desigualdades y construir ciudadanía desde los primeros años”. El nivel inicial no sólo enseña contenidos, sino que forma sujetos críticos, curiosos y sensibles al mundo que los rodea.
El enfoque pedagógico se centra en la enseñanza y el bienestar emocional, fomentando la comunicación, la expresión (música, movimiento, literatura) y la exploración del entorno.
Se jerarquiza el juego como un derecho y una forma de conocimiento de alto valor cultural. Desde una mirada pedagógica, el enfoque del juego y la exploración como ejes del aprendizaje remite a autoras como Patricia Sarlé (2007), quien sostiene que “el juego no es un recurso, sino una forma de conocimiento y de relación con el mundo”. En el jardín, cada propuesta didáctica se construye desde la intencionalidad, el respeto por los tiempos de los infantes y la creación de ambientes ricos en experiencias. Según Delia Lerner (2001), la escuela debe ser “una institución que garantice el acceso a los saberes socialmente relevantes, sosteniendo la diversidad cultural y la igualdad de derechos”.
El rol directivo
En este marco y contextualizando al Nivel Inicial, considero que el rol directivo, aparece como un pilar fundamental: su liderazgo pedagógico, su capacidad de gestión y su compromiso ético son claves para garantizar la calidad educativa y la inclusión en la institución.
El rol del directivo en un jardín público va más allá de la administración cotidiana: implica conducir un proyecto pedagógico colectivo, acompañar y asesorar a las y los docentes y sostener una cultura institucional basada en la reflexión, la ética profesional y la participación. Si bien la estructura jerárquica en educación es verticalista, es conveniente dar lugar a la participación de todos los que intervienen en la educación de los niños y niñas (docentes, auxiliares y familias).
Como afirma Viviana Zenobi (2015), “el liderazgo en el nivel inicial requiere sensibilidad para leer las dinámicas institucionales y capacidad para orientar procesos de mejora sin perder la mirada pedagógica”. El rol del directivo actúa como mediador entre las políticas educativas y las prácticas concretas en la escuela; es quien articula la normativa con la realidad de cada institución, promueve la formación continua del equipo docente y garantiza un clima institucional basado en el respeto y la colaboración.
Asimismo, su rol implica acompañar las trayectorias de los niños y niñas, detectar necesidades, gestionar recursos y favorecer la inclusión.
Mi experiencia como directora.
Me he desempeñado durante ocho años como directora de una institución con una población muy vulnerable (familias del Barrio Padre Mugica, en Retiro). La escuela funcionaba con un turno de jornada completa (8,45 hs a 16,15hs) y un turno vespertino (desde las 17.30hs a 22 hs). Tenía a mi cargo 450 alumnos y alrededor de 70 docentes, además del personal de maestranza y cocina. Estaba a cargo de la escuela en todo su horario de funcionamiento. Este cargo me estaba planteando nuevos desafíos en mi tarea. Tuve que afrontar tensiones entre las familias y los docentes, trabajar con los recursos que tenía (que nunca eran suficientes) y afrontar las dificultades entre la tarea pedagógica “ideal” y las diversas realidades de las familias y por consiguiente de las niñas y niños que asistían a la escuela. Hay un enorme desafío en la gestión directiva, sobre todo cuando se trabaja en contextos de una enorme desigualdad social con respecto a otros sectores de la ciudad, el desafío es sostener la calidad y la equidad educativa, considerando que el aspecto socio económico no vulnere el derecho a la educación.
Esto requiere creatividad, compromiso y un fuerte trabajo en red con otras instituciones, organismos estatales y la comunidad.
Fue necesario construir un liderazgo, no desde la jerarquía sino desde la construcción de confianza y escucha activa. Según Graciela Frigerio (2007), “la dirección escolar es un espacio de mediación, de producción de sentidos, donde se construye autoridad en el encuentro con los otros”.
En los primeros meses me dediqué a observar y conocer a la comunidad escolar, sólo de ese modo iba a poder interactuar y acompañar a cada uno de los actores institucionales (niñas, niños, docentes, familias).
Se pudo construir un muy buen equipo de trabajo con los y las docentes y con el resto del equipo directivo, pero había algo que a veces me generaba preocupación. Veía que las y los docentes se desempeñaban, en su gran mayoría, con un alto grado de profesionalismo, sus proyectos pedagógicos eran adecuados, el trato hacia los alumnos y hacia las familias era amoroso, pero en más de una oportunidad noté que fuera del ámbito escolar se dirigían hacia la comunidad de manera despectiva y sin considerar las necesidades de dichas familias. Llevé el tema a mi equipo directivo y decidimos conocer el barrio, sus calles, sus casas, sus negocios, etc.
Tomamos una de las jornadas de actualización docente, y habiéndolo conversado previamente con referentes del barrio, les propusimos a los docentes realizar la actividad Algunas de las maestras se negaron porque les daba temor, y fue respetada su negativa a asistir, pero la gran mayoría se sumó a la propuesta.
Antes de hacer la recorrida, les contamos a las familias que queríamos conocer el barrio en el que vivían nuestros alumnos, la canchita en la que jugaban al fútbol, la plaza donde se reunían, el kiosco donde compraban sus golosinas, el lugar de donde salían los micros para traerlos a la escuela, etc.
A las familias les gustó la idea, y allí fuimos. Fue una experiencia muy enriquecedora, nos acompañaron los referentes del barrio y algunas madres y padres. Cuando los chicos nos vieron caminar y pasar por sus casas se mostraban muy contentos y corrían a saludarnos (fue un día en que no había clases por ser jornada docente) y se sumaban a acompañarnos junto a sus padres.
La noche anterior había llovido muchísimo y varias calles estaban inundadas, esto fue muy útil, porque las maestras se quejaban de que los chicos faltaban después de días de lluvia. Pudieron comprobar que cuando llueve se inunda el barrio y es difícil salir de las casas. Esta actividad nos permitió a todos conocer un poquito más la realidad de las familias y tener más empatía, aceptar la diversidad, cuidar el entorno y las normas sociales para una buena convivencia.
Muchas veces es muy difícil ponerse en el lugar del otro y más cuando se trata de niños pequeños, los cuales tal vez la noche anterior no durmieron porque salieron a “cartonear” con su papá o mamá, niños y niñas que muchas veces se fueron a dormir sin cenar por falta de alimentos en la familia y muchas otras circunstancias que afectan la vida diaria de estas infancias. Circunstancias que muchas veces se ven reflejada en la conducta de esos alumnos y alumnas y que muchos docentes con total ligereza “diagnostican” con un montón de nombres.
La Ética Profesional
La ética profesional es fundamental en la tarea educativa. Es indispensable conocer el contexto social del alumnado y sus familias La ética docente, abordada por referentes argentinos como Carlos Cullen, Susana Podestá y Ricardo Maliandi, se define como un compromiso moral orientado a la formación ciudadana crítica y la justicia social. Esta postura ética implica la coherencia entre el decir y el hacer, el «poner el cuerpo» en la enseñanza, y la responsabilidad de transformar el conocimiento en una herramienta humanizadora”.
Un último relato
En la última reunión de familias que tuve, antes de jubilarme, les agradecí por todo lo que yo había aprendido de las familias, de sus hijos y de toda la comunidad del barrio de la “Villa 31”, de pronto una de las madres se pone a llorar y refiere que nunca nadie le había dicho que había podido aprender algo de ella. Tendría muchísimas más historias para relatar, pero será en otra oportunidad.
Conclusión
La educación en el nivel inicial debe garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los niños y niñas, sin distinción de origen ni condición. Como sintetiza Patricia Sarlé (2019), “el nivel inicial enseña a mirar el mundo con asombro, y esa mirada se sostiene cuando las instituciones están dirigidas por personas que creen en la educación como acto de amor y de justicia”.
La educación es un derecho y todo niño y niña, como sujeto de derecho, no puede perder el derecho a la educación.
Referencias
Ferreiro, E. (1999). Alfabetización: teoría y práctica. México: Siglo XXI.
Frigerio, G. (2007). La autoridad en la escuela. Buenos Aires: Paidós.
Lerner, D. (2001). Leer y escribir en la escuela: lo real, lo posible y lo necesario. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Sarlé, P. (2007). El juego en el nivel inicial. Buenos Aires: Paidós.
Sarlé, P. (2019). Educar en la infancia. Buenos Aires: Homo Sapiens.
Violante, R. (2013). La educación inicial: una mirada pedagógica integral. Buenos Aires: Noveduc.
Zenobi, V. (2015). Dirección y liderazgo pedagógico. Buenos Aires: Santillana.
Directora de Nivel Inicial
Psicomotricista
Miembro de la Asociación Civil Forum Infancias – CABA
Miembro de RONAT (Red de organizaciones de NNyA en territorio)
Miembro de APIABA (Asamblea permanente por las infancias de Bs As)
Miembro de APDH (Asamblea permanente por los Derechos Humanos)











