¿Ser adolescente en el SXXI? Del suicidio o lo autolesivo como extravío actual.

adolescente angustiado

¨Que ninguna herida sea un destino¨

No es extraño pensar un siglo que arremetió con cambios vertiginosos. Cambios que involucraron ataques impensables, una sensación de incertidumbre globalizada y la amenaza permanente como algo naturalizado. 

Los adolescentes de hoy han nacido en un siglo que presenta una anestesia cíclica para los cambios que consolidan grupalidades idóneas. Un siglo que presenta más una inclinación al pensamiento de destrucción inminente que a una transformación. Las crisis económicas, las guerras repentinas, la presencia de virus intangibles que pueden resultar devastadores, son puntos de inflexión en una cartografía que no favorece a imaginar posibilidades ciertas de inclusión, permanencia, pertenencia y amparo. 

El último tiempo de aislamiento social es fiel testigo de los impactos generados durante y después del mismo en la dinámica de los grupos de adolescentes y jóvenes que los transitaron. Intentan sostenerse de maneras tan diversas como sujetos hay y sus narrativas son hoy fiel reflejo de las distorsiones que las ¨obligatoriedades¨ precipitaron: usar barbijo, utilizar el zoom para las clases, distanciarse en sus cuartos, son solo algunas de las evocaciones que retratan un tiempo que quieren olvidar lo más rápido posible. Los relatos de los adolescentes en consulta hablan del amor: del amor perdido, del amor fracasado, de la traición, de la indignidad, de la amistad impensable, de la familia inexistente (no distanciada), de la búsqueda de un ¨susurro¨ para poder seguir.

Cuando los horizontes se desvanecen es difícil saber dónde se quiere ir. Estamos en un universo sin coordenadas. Es como si una neblina espesa hubiera bajado hasta el camino y ya no se vislumbran ni siquiera los propios pies al caminar. 

¨Mi hermana se va a vivir afuera (al exterior)¨, dice M. de 14 años en su sesión. ¨Mis viejos están contentos porque va a buscar otros horizontes. Eso parece, por lo menos. Ella no tiene ni estudios ni trabajo, pero está convencida que algo va a salir. Yo no sé. Ni puedo pensar en moverme de donde estoy. No sé lo que me gusta, pero lo peor es que no sé ni lo que no me gusta. Solo quiero estar con mis amigas. Hablamos. A veces alguna se raya o se pone loca. Ahí sí que me quiero matar…bueno, no sé…si. ¿Para qué quiero quedarme en un mundo de mierda? En ningún lado se puede nada. Mi hermana tiene pajaritos en la cabeza y yo soy re cerebral¨.

El índice de intentos de suicidios en adolescentes está hoy en las cifras más altas de las últimas décadas. Corren parejas con las cifras de violencias y los desbordes. 

adolescente frente a un mar de angustias

 

Los adolescentes y jóvenes están pidiendo a gritos alguna forma de legalidad que haga a una vida posible. Un organigrama, un poliedro donde pararse para conformar alguna idea de mundo. La vivencia de incertidumbre que hoy se ha vuelto crónica no facilita la deconstrucción de la niñez y el paso al mundo adulto. La construcción de identidades es tan diversa y tan compleja que más que facilitar entorpece las opciones.

¨En la contemporaneidad la desnudez y la promiscuidad suelen estar más del lado del pedido que de la demanda de amor. Hay un fracaso de la demanda porque la palabra no está allí. Hay una carencia de palabra. Hay exceso, hay desborde. No hay falta de información sobre las consecuencias y sin embargo hacia las consecuencias los adolescentes se precipitan. Es necesario preguntarse por qué ocurren entonces. Ningún exceso es inmotivado, aunque esté teñido de las formas de un aparente placer compartido por la experiencia grupal. Son tiempos donde es difícil para un adolescente poder vivirse adolescente aun sin las coordenadas del exceso¨. (Altavilla, 2020, pág. 179)

Es allí donde el psicoanálisis se posiciona en un entramado donde, de lo que se trata es de que la verdad pueda de-velarse sin ser devastadora. Es allí donde el relato, la narrativa es transformadora para poder situar alguna coordenada para seguir adelante. La negación actual a recordar de muchos adultos -recordar lo transitado en estos últimos años- se vuelve obstáculo a la hora de transformar y procesar lo acontecido. Cuando Yerushalmi refiere que ¨lo que llamamos olvido en el sentido colectivo aparece cuando ciertos grupos humanos no logran -voluntaria o pasivamente, por rechazo, indiferencia o indolencia, o bien a causa de alguna catástrofe histórica que interrumpió el curso de los días y las cosas- transmitir a la posteridad lo que aprendieron en el pasado¨, está llamándonos la atención sobre cuales son las cuestiones inherentes al golpe emocional que la pandemia nos dejó como adultos, quée hemos aprendido de ella y, en especial, si podemos aprender de las fallas en las que hubiéramos incurrido durante esta. Porque nadie está exento de cometer errores, pero, peor es aun si no remediamos de alguna forma las falencias que hubiéramos tenido. 

Los adultos de hoy requerimos de una fuerza constante para torcionar las carencias en las funciones parentales que se vieron fragilizadas durante estos años. Las vacancias de estas funciones dejan al descubierto adolescentes (e incluso jóvenes) que piden algún límite al desborde que incluya un apego seguro ante el avance del apego ambivalente de los tiempos contemporáneos. Ambivalencia que deja al descubierto un aumento de la incapacidad para comprender una situación adversa y los recursos psíquicos para afrontarlos. Se necesitan menos mecanismos de defensa arcaicos y más mecanismos superiores llegando a la posibilidad de sublimar la adversidad con recursos que posibiliten una solución válida para el sujeto y su entorno. La palabra, la que pueda desplegarse en diálogo, pero también aquella que pueda desplegarse en las variadas formas del arte, del pictograma de Piera o las innovaciones y creaciones que promuevan lo nuevo colectivo. Que lo laboral no sea solamente una obligatoriedad impuesta por la cultura sino un espacio donde desplegar lo propio, lo identitario, lo comunitario. Allí en lo territorial donde el psicoanálisis se entrelace con la praxis y promueva subjetividades válidas. Donde lo tanático no aplaste lo vital generado. Donde esto se vislumbre desde el jardín de infantes hasta la universidad construyendo una topología creativa y creadora y la diversidad no sea solo un discurso plástico.

En la privacidad del consultorio un joven de 18 años interpela sobre los puntos posibles de un futuro cercano pero diletante. 

¨Rara vez puedo seguir el día a día sin caer, cada tanto, en el oscuro pozo del bajón (momento melancólico que transita desde hace un par de años). Pasé la secundaria bastante bien, quiero estudiar y la facultad se vuelve pesada, aburrida. No puedo imaginar dejar atrás el 2020. No ver a amigos, no salir con ellos, todo lo que deseaba hacer cuando empecé la secundaria se esfumó. Ni salidas, ni viaje de egresados, ni novia, nada. ¿Qué puedo ofrecer más que pozos oscuros? Ya no quiero ni salir de la cama y no es porque no tenga metas. Algo extraño hay y no tiene nombre. Si pudiera describirlo diría que es como una puerta cerrada que quiero abrir y no puedo, pero que si la abriera nada habría del otro lado. Solo puedo sentir que estoy solo, nadie entiende lo que me pasa porque solo me pasa a mi y tampoco puede ayudarme. ¿Debería ser un autómata y seguir, …o matarme? ̈ y luego de un tiempo analítico dirá: ¨Qué perdido que estaba! Creo que desconfiaba de todo y de todos. Era que tanto había pasado que ya no creía en nada. Hacía falta un poco de cordura. Llegar acá y saber que no estaba loco, que estaba en un torbellino, fue algo que me acomodó. Ahí si pude empezar a pensar, antes estaba en una coctelera. ¨

Es necesario recordar una y otra vez que las antípodas se presentan en los discursos casi de forma constante. Alguien quiere decir algo, pero no lo dice o dice lo contrario, o lo encubre bajo torsiones tan intrincadas que hacen casi imposible saber algo de lo que se intenta decir. Esto es, en estos tiempos, una constante repetida en diálogos verbales y más aún en diálogos escritos/hablados de las redes sociales, donde el código se vulnera y todos quedan en un abismo de signos de pregunta repetidos hasta el hartazgo. Los oídos se cierran y las bocas enmudecen por completo cayendo en una letanía de verborragias inconducentes. Se habla todo el tiempo para casi no decir nada.

adolescente frente a un mar de angustias

 Es un mar de vacíos donde los que requieren salvavidas se hunden y naufragan. Allí están principalmente los que hablan con el cuerpo, con la violencia hacia afuera y hacia adentro. (Altavilla, 2022, pág. 87)

¨El yo es efecto de la apropiación
de los enunciados identificatorios
que sobre él formularon los objetos investidos.

Pondrá luego a prueba sus deseos y sus afectos
y se comprometerá en sus acciones,
enunciando sus propios pensamientos
y sus proyectos singulares.

Este yo capaz de enunciación
es la instancia a la cual el analista
no puede perder de vista”. 

Aulagnier

 

Autora del artículo Diana Altavilla

Lic. y Prof. en Psicologia.
Dra en Psicologia USAL. Psicoanalista.
Docente UBA. Consultora por OPS y MSN 2020/23. Pte. Capítulo AASM y WFMH. Miembro de la Asociación Civil FORUM INFANCIAS. Autora entre otros: «Suicidio y Autolesiones» RV ed.2a ed 2022 y «Desvalimiento y Reparación. Ética para un psicoanálisis situado», Ed Entreideas, 2023.

Bibliografía

Altavilla, D. ¨Suicidio y autolesiones: impacto, consecuencias y estrategias clínicas¨ 2ª ed. Cdad. Autónoma de Buenos Aires, 2020.

¨Babel. Cuando el silencio marca el desborde¨ en Educación sexual integral en una sociedad hiperconectada : estrategias didácticas para el trabajo con cine y series en el nivel medio / Elizabeth Ormart…[et.al.] 1ª ed. Cdad. Autónoma de Buenos Aires, 2020.

¨Suicidio y autolesiones en adolescentes: coordenadas clinicas ante lo disruptivo del entorno¨ en ¨Clinica con adolescentes¨ Silvina Ferreira dos Santos (comp.) 1ª ed. 2ª reimp. Ciudad Autonoma de Buenos Aires : Entreideas Ed., 2022.

Aulagnier, Piera. La violencia de la Interpretación. Amorrortu .Bs As 2004

Cyrulnik, B. Cuando un niño se da muerte. 1ª ed. Barcelona, España : Gedisa Ed. 2011. Pág. 82. 

Yerushalmi, Y.H. ¨Reflexiones sobre el olvido¨ en ¨Zakhor: historie juive et memoire juive¨ Paris, La Decouverte, 1982.