En defensa de la infancia
Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la trompeta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”
Violeta Parra
Desde la polifonía del lenguaje
La infancia, en este caso en singular, es mucho más que la niñez o que una etapa, ya que trasciende el tiempo cronológico y puede persistir durante toda la vida. Al igual que la literatura llamada infantil puede conmovernos más allá de nuestra edad.
Podríamos pensar que la infancia es un estado o un territorio de pensamiento vivo, de imaginación, de asombro y de creación de mundos sin fronteras, entonces, ¿por qué perder con los años la potencia de tamaña condición?
¿Qué necesita la infancia para ser protegida y perdurar?
Jorge La Rosa, en su libro Pedagogía profana, habla del enigma de la infancia y describe a los niños como seres extraños de los que nada sabemos, seres que no entienden nuestra lengua, que es un signo de civilización, por lo que son vistos como salvajes. Ellos no hablan o hablan otra lengua, una lengua extraña, extranjera, originaria, por lo que tenemos que civilizarlos enseñándoles a hablar correctamente.
Como la lengua es un signo de civilización, quien no la habla es considerado un bárbaro, lo que representa lo absolutamente otro, lo desconocido que irrumpe, la alteridad que molesta e incomoda.
Es claro que cuando se conquista a un pueblo se le debe enseñar la lengua del vencedor para afianzar el dominio sobre el vencido.
Elogio al potencial poético de la infancia
Micaela Chirif, escritora peruana, sostiene que cuando enseñamos nuestra lengua a los niños, los introducimos en la cultura y lo hacemos desde nuestra visión de mundo, de un modo más profundo que como lo hacen los relatos, porque de los relatos se puede salir, pero de la lengua no se sale más.
No hay retroceso posible una vez que se pone en marcha el proceso civilizatorio. Es un proceso de colonización sobre quienes consideramos inferiores.
La palabra infante deriva del término infans, el que no habla o es incapaz de hablar, el que no tiene lengua, por lo que el adulto ejerce su voluntad de dominio para convertirlo en ¨uno de nosotros¨, pero dentro de una visión de mundo en la que el niño es un subordinado al que hay que disciplinar.
Entonces, le imponemos nuestra lengua con sus reglas y sus recomendaciones: esto se dice así, esto no se dice, de esto no se habla o no se hable acá.
Del mismo modo se les marca el volumen adecuado de la voz, los tonos, a quien se le dirige o no la palabra o cuando debe permanecer callado y en silencio.
Cuando el niño habla demasiado y no cumple con las reglas se lo considera molesto, mal educado y en el peor de los casos se supone que tiene un trastorno por el que se lo encasilla en un cuadro clínico o se patologizan sus modos de actuar, considerándolos anormales, fuera de la norma.
Graciela Montes, escritora argentina, dice que el niño entra en la lengua, pero de un modo singular. Cuando el niño se resiste y no acepta voluntariamente todo lo que se le dice, le imprime su propio sello a la lengua, usándola como se le da la gana, disfrutando de su sonoridad, de las onomatopeyas, del ritmo
de las palabras, dice cosas “absurdas” sin importarle lo que hace con las palabras porque juega y se divierte con ellas, pero llega un momento en el que ésta resistencia se vence y cuando el último bastión de resistencia cae, lo que hicimos fue acabar con la infancia, más allá de la edad de esa persona, sea o no sea un niño, acabamos con su infancia.
Por todo eso la poesía es un territorio de infancia, no de niños, sino de infancia.
María Negroni, escritora argentina, dice que la poesía es un antídoto contra todo pensamiento autoritario, dogmático, cerrado. La poesía es incapaz de cerrar el lenguaje o de generar cerrazón de sentidos. Su polisemia y la posibilidad de pensar desde la multiplicidad nos permiten entrar en lo que podemos llamar la existencia simbólica, poética.

Hacer de las palabras un hecho estético y ético
En estos tiempos acelerados y apremiantes, las comunicaciones son cada vez más rápidas, superficiales y sufren un franco deterioro por el uso de un lenguaje talado, abreviado, cada vez más chabacano y en muchos casos reemplazado en las redes sociales por emojis, en detrimento de lo narrativo.
Asimismo, como el lenguaje y el pensamiento se tiñen de maquinalidad y su empobrecimiento se ve potenciado por la irrupción de la inteligencia artificial que amenaza con reemplazarnos (con sus riesgos y con todo su potencial), es fundamental ampliar cada vez más el lugar de la metáfora y del juego poético del lenguaje que nutre nuestro pensar, para recuperar las palabras,
para no perder nuestra capacidad de asombro y para darle belleza a nuestro mundo, entre muchas otras razones.
Gianni Rodari, escritor, pedagogo y periodista italiano, quien le dio un lugar de privilegio a la fantasía y a la imaginación, sostiene que los niños están en constante estado de adivinanza, porque las adivinanzas representan su experiencia, su proceso personal de conquista y de descubrimiento del mundo. Para ellos el mundo es misterioso y las adivinanzas les ofrecen el placer de la búsqueda y de la sorpresa.
¿Qué pasa cuando clausuramos el pensar dando explicaciones y recomendaciones con respuestas rápidas y unívocas?
Tanto en el arte como en la clínica o en la educación, se parte de la ruptura con lo conocido, dado que se trata de sumergirnos en el desconocimiento para ir cada vez más profundo, desde una epistemología del no saber. En cambio, si desde la certeza repetimos los discursos cerrados como las únicas explicaciones posibles, en ocasiones impuestas, no se produce ningún descubrimiento.
Tener un reloj con tiempo de sobra, la razón de la demora
Lo que provoca la pregunta sin su respuesta inmediata es una invitación a un trabajo de indagación, de pensamiento, para poder abrirnos a nuevos recorridos. El desafío es propiciar la demora.
Esto tiene que ver con los modos de habitar el tiempo que condiciona nuestros modos de mirar, de ver, de escuchar, de sentir, de entrar en contacto con lo que nos rodea, con lo que pasa y nos pasa, con el entorno que se pierde cuando la velocidad con la que caminamos es cada vez más rápida.
Tal como sucede cuando viajamos por una ruta a toda velocidad sin poder distinguir las particularidades del paisaje.
Rescate de la multiplicidad de sentidos
Nada más humano que lo poético. Lo poético, en todas sus posibilidades de expresión, es la conquista del pensamiento más elevado que potencia en nosotros la capacidad de crear belleza. Es una forma de conocimiento que impide que los sentidos flaqueen, se estrechen y nos dejen confinados a un
plano literal.
Entrar en la poesía o en un estado poético es como zambullirse en el mar del lenguaje jugando con lo imaginario. El lenguaje nos presta la palabra oleaje, barco, sol, arena, con sus texturas y sus sonidos, pudiendo guardar el mar en un frasquito y a la vez navegarlo, como nos dice Graciela Montes.
Los niños juegan con las palabras tal como juegan con las hojas del árbol o con las formas de las nubes.
Juegos sonoros
Si bien las palabras sirven para comunicarnos, es importante no perder de vista su valor lúdico, su sonoridad y su musicalidad, más allá de su significado.
Hay palabras que elegimos como preferidas por el solo placer que nos causa pronunciarlas, como cachivache, pirueta o peripecia y otras las repetimos como un divertido juego sonoro al descubrir que se puede crear un nuevo significado como efecto de su repetición, tal como dios-a – a-dios (diosa – adiós) o mor- a a – mor (mora – amor). También resultan divertidos los trabalenguas o fingir que hablamos o cantamos en otro idioma sin conocerlo.
De la misma forma descubrimos que las palabras cambian de significado según el lugar que ocupan respecto de otras palabras o según el tono con que fueron dichas y que otras, cuando están, solas no dicen nada.
Además no pensamos con palabras sueltas, sino que pensamos frases, ya que nuestro pensamiento es discursivo y dialógico y la conversación puede ser infinita, ya que nunca se termina porque siempre se puede agregar algo más.
El lenguaje es un lugar para vivir con puertas abiertas al universo sonoro y simbólico, con sus ritmos, cadencias, tonos, musicalidades y silencios.
Micaela Chirif sostiene que en el libro álbum cualquier palabra puede tener como referencia cualquier imagen, la que puede coincidir o no con el texto escrito o con su significado.
La relación entre las palabras y el referente gráfico puede ser arbitraria al dialogar el texto con la imagen y contar una otra historia en forma paralela que amplía sentidos y abre a múltiples interpretaciones, desde una propuesta lúdica que da lugar al nacimiento de otro u otros relatos e imaginarios posibles.
Para María Negroni…“La lectura no está en el libro. La lectura es un pacto entre el libro y el lector. En el medio no hay nada. Solo silencio. No hay gestos, tonos, timbres de voz, no hay énfasis, ni cuerpo de los personajes”.
Todo lo que ocurre sucede en el interior del lector, que escribe su propio texto, el texto del lector. Así se constituye en un co-autor que crea su propio texto, pero siempre enlazado a otras voces y a otros textos, porque, aunque esté solo o aislado en el momento de la lectura, su mirada siempre estará acompañada y teñida por otras miradas, que a su vez construyen un nosotros.
Sin un nosotros no somos nada, ya que somos porque hay otros.
Roland Barthes, crítico literario y teórico francés, (1967) nos habla de la muerte del autor y argumenta que la intención y la figura del autor deben desaparecer para que el texto cobre vida, permitiendo que el lector se convierta en el verdadero creador de significados, no siendo un mero receptor del mensaje “divino” del autor. Agrega que el texto es un espacio multidimensional tejido de citas y culturas, no un mensaje unívoco, y que requiere de la muerte de la autoridad autoral dando lugar a la multiplicidad de interpretaciones.
“Es el lenguaje el que habla a través del autor y libera al texto de la tiranía autoral” completando así la obra, que siempre es abierta, tal como la concibió Umberto Eco.
La palabra es el hecho colectivo por excelencia
Micaela Chirif sostiene que el que narra no es solo el que escribe y el que escribe no es el que es, ya que es un conjunto de agujeros, es en los saltos que completan una imagen donde aprende a ser. Lo que importa es la construcción de un lenguaje, que no es traducción de la realidad porque se trata de fragmentos, frases de ideas sonoras, paños de lenguaje con los cuales cubrirse, protegerse.
Un libro es una obra de pensamiento hecha de palabras. Nunca hay un sentido único, son infinitos los movimientos discursivos.
Es interesante el señalamiento de Micaela Chirif cuando dice que nuestra cultura tiende a destacar la idea, el significado, por sobre la cosa en sí, dándole mayor importancia a lo invisible, al alma de las palabras por sobre su cuerpo, que es lo visible, lo material de la cosa, lo fijo, como las letras del alfabeto.
Asimismo el Principito afirma que lo esencial es invisible a los ojos.
En un mundo, en el que el sufrimiento es mucho y en el que crece la pulsión de muerte que privilegia lo quieto, lo inmutable, se va perdiendo la vitalidad y el placer del juego movedizo con las palabras, entre muchas otras pérdidas.
El cuerpo de las palabras es un cuerpo vivo, y no se reduce a lo material ni a un solo significado, ya que no se cierra sobre sí mismo, sino que nos invita como el conejo de Alicia a aventurarnos y a rastrear sentidos, abriéndonos a una multiplicidad de interpretaciones, alimentando el impulso de seguir en movimiento, explorando posibilidades de juego, de expresión y de comprensión.
El texto puede parecerse a un cielo de estorninos que vuelan haciendo formas juntos, formas que se modifican constantemente en vuelo compartiendo información y calor corporal sin colisionarse.
A ese movimiento se lo llama “murmuración” o “murmullo de los estorninos”, donde miles de aves vuelan en perfecta sincronía para protegerse de los depredadores y para comunicarse creando patrones asombrosos que parecen nubes que se mueven, como danzando en sincronía, creando figuras cambiantes.
Si bien se mueven en conjunto, en esa danza colectiva cada estornino conserva un lugar particular dentro de la comunidad.
La lectura también nos permite crear un espacio propio en el concierto de las narrativas que nos llevan a navegar por cielos y mares remotos, pudiendo salir de las capturas del control sobre los sentidos, creando nuestras propias murmuraciones, nuestras coreografías particulares y únicas en compañía de las voces y de las imágenes que nos regalan los relatos.
La lectura nos construye y, a la vez, construye intimidad en un proceso de singularización. Tenemos derecho a la singularidad, a la contradicción, a
imaginar y a pensar distinto, a la paradoja, a no entender, a no tener que ceñirnos a un solo significado para dar lugar a la creación, sin subordinarnos a una sola posibilidad.
El texto no puede reducirse a un uso autorizado, a una herramienta pedagógica que impone una sola línea de comprensión, sino que nos abre a una experiencia sensorial, poniendo en diálogo las lecturas recorridas para no matar al estado de infancia.
Educar en el respeto por la diferencia
Massimo Recalcati, psicoanalista italiano, piensa que gracias a la existencia del lenguaje es posible la existencia de la poesía, tal como la existencia del niño es posible gracias a la existencia de sus progenitores.
Ambas creaciones subvierten lo establecido para generar lo nuevo.
Recalcati sostiene que el niño recibe su propia vida de los otros y su tarea es convertirse en poesía, algo no previsto, una vida nueva diferente a las otras vidas. En ese sentido cada niño es un esfuerzo poético para poder ser haciéndose a sí mismo en un proceso social de singularización.
Es la manifestación peculiar de la vida que recomienza y es a la vez un presagio de muerte de sus progenitores. Muerte simbólica necesaria para advenir otro.
Es el flujo incesante de las generaciones que marcan el tiempo de duración de las anteriores que dan paso a la fuerza de la juventud, a su vitalidad, a su belleza.
Pero la infancia y la adolescencia precisan de presencia y de palabras concretas como ¡Acá estoy!
Necesitan sentir que no están solos, que no han sido abandonados, que se los sostiene para que no caigan en la nada del desamparo.
A partir de la adolescencia la palabra necesaria podría ser ¡Andá! la que abre la puerta a la experiencia del viaje, de la errancia, de nuevos recorridos, de equivocarse, de perder el tiempo, de perderse.
No podemos evitarles siempre el mal encuentro, ni pensar que la vida va a ser un camino recto, sin caídas, fracasos, ni desvíos, siendo necesario el conflicto con los padres para establecer la diferencia que les permite separarse de ellos y seguir su propio deseo, su pasión, su vocación, teniendo en cuenta que el deber y la responsabilidad son caras de la misma moneda.
Recalcati considera importante que los adultos no entremos en conflicto con ellos con discusiones que nos colocan en un plano de paridad en el que el sostén desaparece. Ese lugar asimétrico nos da la posibilidad a los adultos de sostenerlos desde la fortaleza de nuestra debilidad. En nuestro tiempo se tiende a reducir brutalmente la relación entre el lenguaje y la palabra de la cual brota la invención poética del niño.
Recalcati distingue dos mitos o creencias sobre las que se apoya la crianza o la pedagogía que supuestamente ayudarían al niño en su proceso de creación poética.
- La primera creencia es que el control sobre la vida del niño sería una buena forma para guiar su educación, estableciendo reglas generales, universales que regulen su comportamiento. Pero los niños no son todos iguales. Esta creencia coloca a los padres como los primeros centinelas que regulan la vida del hijo.
Emmanuel Levinas, el filósofo llamado de la otredad, dijo: “Todos los hijos son hijos únicos”. Así como ninguna poesía es igual a la otra, cada niño es único, singular e irremplazable.
Lacan dice que…el amor al hijo es siempre el amor por el nombre propio del hijo. Un amor particular, no anónimo.
- La segunda creencia se apoya en la recomendación: ”Tenés que hablar con tu hijo”, pero generalmente se piensa a la conversación como un monólogo y no como un diálogo, sino como un modo de convencimiento. No desde la escucha sino para imponer lo propio, desde una empatía falsa.
Volviendo a la idea de que los niños son salvajes y tenemos que colonizarlos para que ingresen a nuestra cultura, ¿cómo comprender a un niño?, cuando los niños son incompresibles y suelen resistirse a nuestro esfuerzo.
Se trata de amar lo que Recalcati llama el secreto del niño, su diferencia irreductible, sin intentar que coincida con nuestro ideal, con nuestras expectativas, con nuestros mandatos, sino amar lo distinto en él, considerando su ardua y escarpada diferencia, amarlo en su poesía.
Bibliografía
Barthes, Roland, (1967) La muerte del autor, Editorial Paidos. España. Chirif, Micaela, (2014) Más te vale, Mastodonte. Editorial FCE, México. Eco, Umberto, (1985) Obra abierta, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona. La Rosa, Jorge, (2017) Pedagogía profana: Estudios sobre lenguaje, subjetividad y educación, Miño y Dávila Editores, España.
Levinas, Emmanuel, (1961) Totalidad e infinito, Ensayos sobre la exterioridad, Ediciones Sígueme, España.
Montes, Graciela, (1999) La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. Fondo de cultura económica. Argentina. Negroni, María, (2025) Colección permanente, Editorial Random House, Argentina.
Recalcati, Massimo, (2020) El secreto del hijo, Editorial Anagrama, España Rodari, Gianni, (2008) La gramática de la fantasía. Ediciones Colihue. Argentina.
Maestra, Psicoanalista especializada en Clínica con niñxs, Psicodramatista,
Capacitadora docente,
Miembro del Forum Infancias, autora de los libros “¿Las emociones se educan?” e “Interrogando a la educación emocional” publicados por Lugar Editorial












