Infancias en el océano de la neurodiversidad
Presentación
La Neurodiversidad es un término que nace de la socióloga Judy Singer, alrededor de los años 90, con la finalidad de aumentar la aceptación e inclusión de las “minorías neurológicas”. En este sentido, la neurodiversidad como paradigma entiende que las personas experimentan e interactúan con el mundo que las rodea de múltiples maneras; no hay una forma «correcta» de pensar, aprender y comportarse, en tanto que las diferencias no se ven como déficits (Baumer, N, 2021). Bajo esta mirada se comprenden los actualmente denominados “Trastornos del Neurodesarrollo” (APA, 2013) tales como, el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit Atencional (TDAH), la dislexia y otras formas de neurodivergencia en tanto variaciones de la diversidad humana, como pudiesen ser las diferencias étnicas, de género u orientación sexual. Desde esta perspectiva, la neurodivergencia no es un trastorno, sino una parte natural de la evolución humana (Walker, N & Raymaker, D.M., 2021). La neurodiversidad tiene como fundamento la variabilidad natural en términos neurológicos, pero en el discurso, opera como un significante que circula activamente en la cultura, para luchar contra el estigma psicopatologizante de estas condiciones. Se articula con lo político, con el campo educativo y especialmente en la clínica, abarcando un amplio campo heterogéneo desde aquellas consideradas como “condiciones”, hasta aquellas que desde el modelo biomédico, se reconocen como “patologías”.
La Neurodivergencia como referencia identitaria
En un artículo titulado “La neurodivergencia es política: notas antropológicas sobre neuronorma, opresión y liberación”, Berenice Vargas (2021), señala que “Neurodivergencia” es un término político, no una etiqueta diagnóstica”, que ha permitido nombrar las experiencias que escapan al ideal hegemónico de normalidad. Nos recuerda que la neurodivergencia no existe aislada puesto que se imbrica, con otras desigualdades que van más allá de las disciplinas “psi”, como es el caso de la antropología.
Podemos constatar que si bien es un término claramente definido, su amplitud desdibuja sus márgenes. Un efecto es la popularización del término, principalmente en redes sociales, convirtiéndose en una coordenada para ubicar un conjunto de experiencias subjetivas de niños y niñas. Lo que en algún momento se presenta como desconocido, enigmático y sin explicación para el mundo adulto, puede encontrar respuesta en la Neurodivergencia. Se convierte en un término que da un borde a lo confuso y produce un sentido con derivas identitarias. Nombrar o nombrarse “neurodivergente” no sólo es una descripción, sino que encuentra un lugar de reconocimiento en lo social, instituyendo una posición frente al otro: “soy neurodivergente”.
El término se expande, se masifica. Cynthia Martin, PsyD, directora clínica del Centro para el autismo del Child Mind Institute, explica que “El término solía utilizarse para describir a las personas que tenían un diagnóstico clínico o que estaban al límite, con síntomas que se acercan al umbral clínico para un diagnóstico”. “Más recientemente, lo que he visto es que se amplía para incluir a cualquiera que se identifique con él. Personas que sienten que piensan o procesan fuera de lo que se conoce como típico” (Martin, C., 2025). Para algunos niños y niñas en edad escolar que atraviesan dificultades, identificarse como neurodiversos puede ser una forma de dar sentido a lo que están viviendo. El concepto les da una explicación para sus dificultades que tienen su origen en el cerebro: “Soy así porque mi cerebro funciona diferente” (Martin, C., 2025).
Planteo algunas preguntas:
¿Se puede pensar, en este caso, que la legítima lucha por el reconocimiento de diversidad neurodivergente produce una identificación alienante que reduce las diferencias entre los sujetos (o los sujetos por-venir)? ¿Será acaso que lo “diverso” y lo “diferente” no son homologables en este discurso?
¿Opera la “Neurodivergencia” como un Significante Amo, entendiéndolo como aquel que comanda y organiza la cadena significante, fija sentido y otorga una identidad ofreciendo una etiqueta alienante para las infancias?
En este sentido, la Neurodivergencia como significante, ¿organiza discursos académicos, políticos, científicos, entre otros, produciendo “un saber” sobre los cuerpos del denominado (o autodenominado) “neurodivergente”, por sobre la verdad del sujeto?
No sin riesgos
Hay un punto de desencuentro: en el “para todos” de lo neurodivergente, se corre el riesgo de una cierta pérdida de la singularidad. En la ilusión del “todos somos iguales”, “formamos parte de lo mismo” favorecido por el ideal de justicia social e igualdad de derechos, las identificaciones toman el lugar de sostener el “Yo soy lo que digo que soy”. Y en los niños y las niñas en un primer momento, el “soy lo que el O(o)tro me dice que soy”.
La pregunta es: ¿Quién nombra el cuerpo de ese niño o de esa niña? ¿Qué lugar tiene el malestar del sujeto que lo porta?
El Otro en lo social y también sus semejantes, nombran como en la experiencia especular, un cuerpo agitado habitado por la pulsión. Es un nombrar, sin escuchar al sujeto que lo porta. Ante lo enigmático del síntoma, las nominaciones que hacen el compartir un atributo en común, organizan un modo de gozar bajo un rasgo identificatorio. Lo real queda velado por el manto imaginario y la dimensión simbólica, se reduce.
Los niños y niñas (y también sus padres), muchas veces sin entender lo que ocurre con ellos, reciben estos significantes del Otro, del discurso social, de influencers… y por supuesto de algunas disciplinas “Psi”, de las que formamos parte.
El discurso social también facilita y estimula esta identificación imaginaria, potenciada fuertemente por los movimientos activistas que se movilizan por la no patologización. A mi modo de entender, la problemática de lo planteado, no se sitúa en la discusión por la patologización o no patologización. Porque de lo que se trata, es de escuchar y reconocer al sujeto en su malestar, con sus modos de decir, con su novela familiar y en transferencia.
Pero ¿no se corre el riesgo de cristalizar estereotipos con etiquetas (neurodiversos/neurotípicos) y vernos en la paradoja de consolidar un término que cumpla una función diagnóstica?
Un fragmento clínico
Unos padres consultan muy preocupados por su hijo de 6 años, al que llamaré “J”, que según ellos me cuentan, “no obedece a nadie”. Se muestra disruptivo en su entorno escolar y ha mostrado dificultades para poder sostener su atención en las actividades que debe realizar. Han iniciado un proceso de evaluación con múltiples profesionales, entre los cuales, me encuentro yo. En las sesiones, no muestra mucho interés por estar ahí y tras cada sesión, los padres me preguntan cómo lo veo. Con el paso de algunas semanas, los padres me comentan en frente de “J”, que tras hablar con su terapeuta ocupacional, han llegado a la conclusión de que es “neurodiverso”. Que en realidad su hijo es así y sólo hay que ayudarlo a que pueda adaptarse mejor. Es lo que me demandan… que “J” se adapte mejor. “J”, en las sesiones, me dice que es “neurodiverso”. No sabe qué es, pero entiende que por este motivo se comporta así. Yo le respondo que tampoco sé qué significa, pero que juntos, veremos.
No es el único caso en el cual los padres no pueden entender o nombrar lo que pasa con su hijo y toman un significante que proviene del campo médico o de otros discursos, para encontrar una explicación. Pero es una explicación que se inscribe en lo imaginario y produce un doble efecto: por una parte, el borramiento de una inquietud en ellos respecto de ese hijo. Y por otra, un “alivio” por tener una respuesta de otro que explique lo que ocurre. En este caso, por un determinado funcionamiento neurobiológico, que viene a decir que el cerebro de “J” sólo es distinto y que por lo demás, también tiene muchas potencialidades. De esta forma, quedan veladas las preguntas, inquietudes y angustias que como madre y padre tienen. La angustia que les produce el síntoma de su hijo, no es tramitada vía lo simbólico, sino que es reducida a lo imaginario, con una explicación que borra (temporalmente) los interrogantes. Queda obturada la posibilidad de interrogar el malestar en el niño (y de los padres), desde otro lugar. Y en “J”, se produce un silenciamiento porque pareciera ser que todo está dicho respecto de lo que sucede con él.
Escuchar el malestar: La clínica de lo subjetivo
La neurodiversidad es un término que atraviesa y se articula con amplios campos del saber y como significante en términos lacanianos, pone en tensión el sujeto de derechos y el sujeto psíquico, quien porta la verdad de su malestar o de su síntoma. Si “neurodiversidad” es un significante, se corre el riesgo de cerrar al sujeto a una identidad totalizante bajo esta etiqueta. Neurodiversidad, no significa nada, sino en articulación con otros significantes. Y siempre en la singularidad de cada niño, niña y sus padres.
Freud descubrió que el estatuto del síntoma en psicoanálisis, no es el mismo que para la medicina. Los síntomas tienen un sentido y “en el sentido del síntoma buscaremos desde dónde, hacia dónde y para qué” (Baudes de Moresco, M., 2011). Un síntoma que se entrama con la historia y prehistoria de quien lo padece; con su novela familiar y en transferencia. Es el respeto por la singularidad, más allá de la “comunidad”. Y, como señala la psicoanalista Gabriela Insua (2023), “dentro de ese respeto, ubicar al síntoma como expresión de verdad subjetiva… el lugar del analista es el de leer la verdad que allí se mediodice”.
Gabriela Insua inventa la expresión “derecho al síntoma”, para darle un lugar a esto. Es decir, “ubicar al síntoma como un derecho humano más, en tiempos de tanto arrasamiento de la subjetividad” (Insua, G., 2023). Y continúa con que “El Otro social sanciona como mala palabra a aquella que es producción del sujeto y vehículo de su verdad, aunque él aún no lo sepa. Me refiero al síntoma. El síntoma es mala palabra y se le dice “trastorno” o “déficit” y las neurociencias y múltiples referentes de lo social, escuela, familias, luchan para erradicarlo, ahogando su valor de verdad subjetiva” (Insua, G., 2023).
Neurodivergencia es un significante que podemos escuchar en nuestra clínica. Pero de allí a saber algo sobre eso, es un largo camino a recorrer. No lo sabemos nunca a priori y sólo podremos saber algo de aquello, en su articulación a otros significantes en los juegos, en las historias, en la angustia de los padres. Cada modo de sufrir es en lo singular, sin por ello desconocer las condiciones sociales y epocales que nos atraviesan. Allí, nos ofrecemos a escuchar y a ser testigos de cómo esto se juega en cada niño y en cada niña.
Bibliografía
Asociación Americana de Psiquiatría (APA). (2013). Trastornos del neurodesarrollo. En Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed.)
Botha, M., Chapman, R., Giwa Onaiwu, M., Kapp, S. K., Stannard Ashley, A., & Walker, N. (2024). The neurodiversity concept was developed collectively: An overdue correction on the origins of neurodiversity theory. Autism, 28(6), 1591-1594. https://doi.org/10.1177/13623613241237871
Dwyer, P. (2022) The Neurodiversity Approach(es): What Are They and What Do They Mean for Researchers? Publimed Central 2022 May;66(2):73-92. doi: 10.1159/000523723. Epub 2022 Feb 22.
Freud, S. (1916-1917/1992). Conferencia 17: El sentido de los síntomas. En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.) Obras Completas (Vol. XVI, pp. 235-249). Amorrortu Editores.
Insúa, G. (2016) “El derecho al síntoma”, Revista Psicoanálisis y el Hospital Nº50, Ed. Del Seminario, Bs.As., 2016, pag.30
Insúa, G. (2023) “Saltar de la cuna. La subjetividad adolescente. El derecho al síntoma” 4ta Ed. Ed. Letra Viva, Buenos Aires.
Lacan, J. (1969/1992). El Seminario de Jacques Lacan, Libro 17: El reverso del psicoanálisis (J.-A. Miller, Ed.; Trad. E. Berenguer). Ed. Paidós
Miller, C. (2025) ¿Qué es la neurodiversidad? ¿Y cómo pueden los padres apoyar a los niños que son neurodivergentes? Extraído de childmind.org/es/articulo/que-es-la-neurodiversidad/
Moresco, M. (2011) Qué es el Psicoanálisis. Ed. Letra Viva, Buenos Aires.
Walker, N., & Raymaker, D. M. (2021). Toward a neuroqueer future: An interview with Nick Walker. Autism in Adulthood, 3(1), 5-10. https://doi.org/10.1089/aut.2020.29014.njw
Psicólogo. Mg. en psicología mención teoría y clínica psicoanalítica. Universidad Diego Portales, Chile. Psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica “Analyse Freudienne”.








