Tiempos violentos: las adolescencias piden salud mental
La violencia en estado puro sacudió a la escuela y a la sociedad toda. El hecho que dio comienzo a una serie de acciones, intervenciones y reflexiones fue en una escuela de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe: un alumno entró a la escuela y disparó con un arma de fuego matando a un compañero. En Córdoba y otras provincias también se multiplicaron amenazas de este tipo.
De la pandemia a esta parte venimos escuchando la insistencia de lxs adolescentes acerca de la necesidad de hablar de Salud Mental. Por eso nos propusimos hacer este recorrido, en base a una experiencia reciente con adolescentes y sus cuestionamientos, para pensar la posición ética frente a la escucha y la elaboración de dispositivos para trabajar con jóvenes. ¿Por qué piden hablar de salud mental?
Esta demanda fue relevada en la intersección de distintos estamentos institucionales atravesados por las problemáticas adolescentes, en ocasión de una reunión llevada a cabo con posterioridad a lo ocurrido en San Cristóbal. Participaron de la misma representantes de Centros de estudiantes de diversas escuelas, docentes, Equipos de conducción, del gremio de UTE, la SENAF, Institutos de formación docente, de los DOE, de la APDH, la Asociación Civil Forum Infancias, legisladores, entre otrxs.
Una escuela solicitó la intervención del Forum dando lugar al reclamo del Centro de estudiantes que hacía pedidos concretos relacionados con la vida escolar: surgió la pregunta “¿dónde están los adultos?”, comentaron que necesitaban mayor financiamiento para el DOE (que es un dispositivo escolar que los acompaña) que está recargado, consideraban que había que tener espacios de talleres de salud mental “no para transformar el aula en una terapia pero sí para poder hablar”, manifestaron que los tutores terminaban ocupándose de las trayectorias estudiantiles y de hacer adecuaciones pedagógicas pero no podían escuchar ni la angustia, ni la tristeza de lxs chicxs.
Ante un pedido de intervención institucional nos preguntamos, por un lado: ¿Cómo construir un dispositivo que aloje las voces de lxs protagonistas? ¿Cómo diseñar una actividad en función de las demandas de lxs adolescentes y las de la institución? ¿Qué acuerdos deben estar claros para todos los participantes a la hora de realizar la actividad? ¿Qué lugar tendrán lxs adultxs referentes de la escuela en la actividad?
Así como también: ¿Cuánto de lo que planteen será tenido en cuenta en la institución posteriormente? ¿Hasta dónde se tolerarán los cuestionamientos que lxs adolescentes puedan hacer? ¿Cómo habitar las diferencias en lugar de anularlas? ¿Qué adultos de referencia estarán disponibles para alojar y trabajar las demandas que puedan surgir?
Para ir abriendo…
La actividad propuesta se desarrolló en las aulas, con alumnxs de primer año, luego de ofrecerles una consigna abierta que lxs invitaba a expresarse verbal y gráficamente acerca de lo que pensaban y sentían. A posteriori se realizó una puesta en común.
Les propusimos desarmar la estructura formal del aula y que se agruparan de la forma que ellos quisieran. Todxs aceptaron esta propuesta con mucho entusiasmo, disponiéndose a trabajar.
Lxs adolescentes se expresaron a través de dibujos, palabras e imágenes impresas, entre las que se destacaron: una copa del mundo, una rosa negra llorando, personajes de anime, caras tristes y alegres, nombres de bandas de música preferidas.
Además denunciaron situaciones incómodas y dolorosas vividas.
Entre otras cosas dijeron: “no le doy importancia a las amenazas”, “sabemos que eso son cosas que se escriben para joder”, “necesitamos más espacios de juegos, espacios deportivos, hacer intercolegiales, campeonatos entre escuelas”, “nosotros no necesitamos nada, estamos bien cómo estamos. Sólo necesitamos estar con amigos, sentir abrazos”, “no nos gusta sentir la exclusión, que nos traten mal o nos digan apodos que no nos gustan”.
El cierre de la actividad se realizó en un clima muy emotivo, permitiéndonos visualizar transformaciones en la corporalidad de lxs participantes, abrazadxs, tomando mate, relajadxs y en comunión.
Esta intervención operó como una salida de lo común, de lo habitual del aula y permitió el juego con el espacio y la palabra, recuperando un área intermedia de experiencia, donde pudo desplegarse la creatividad y profundizar los vínculos. En términos winnicottianos, posibilitó devolverles un sentimiento de confianza ambiental para que pudieran explorarse a sí mismos en una grupalidad compartida.
Es importante destacar que a pesar de que suelen aparecer resistencias y situaciones de incomodidad, se logró restablecer algo del lazo social y del encuentro humano generando movimiento, fluidez, apertura y posibilidad de que algo del malestar empiece a circular.
Para ir cerrando…
Cuando lxs adolescentes piden hablar de salud mental, lo que necesitan es poner palabras que den lugar a representaciones que alojen el sufrimiento, el desamparo y la soledad que están viviendo, que al compartirse permite desplazamientos simbólicos y la restauración de lazos.
Alicia Stolkiner (2013)*, afirma que ”los niños y los adolescentes son analizadores privilegiados de las instituciones”. Define a un analizador como una persona, un acto o acontecimiento, que coloca en el discurso social o institucional algo que estaba naturalizando o invisibilizado, lo pone en escena. Es sumamente importante para todos los que formamos parte de estas instituciones tener en cuenta que ser un analizador es distinto de ser actor. “El analizador produce un proceso de revulsión del discurso y del sentido sin que necesariamente haya en su acto una intención de hacerlo. Un joven que protagoniza un acto de violencia escolar involucrando a toda la institución en la escena, en la que su propio cuerpo está implicado. No necesariamente está tratando de cambiar algo, simplemente puede haber reaccionado a una situación insoportable. Para configurarse como actor necesita incorporar una intencionalidad y una búsqueda de asociatividad con otrxs. Todo nuestro esfuerzo debe estar dirigido a favorecer su pase de analizadores a actores”, dice Stolkiner. No debemos tratar de adaptarlxs a modelos preconcebidos, sino facilitar los dispositivos para que construyan sus modelos. Esto se favorece a través de formas institucionales que se sostengan en la lógica de la garantía de derechos. Se trata de trabajar conjuntamente para que no sea la sociedad la que habla de lxs adolescentes, sino que ellxs hablen en y a la sociedad, haciendo su experiencia de ensayo y error.
Cuando un entramado social/institucional facilita las condiciones para la elaboración colectiva de lo traumático, y da lugar a las voces de lxs adolescentes, ellxs toman la palabra. Y realizan movimientos que son transformadores de la realidad que habitan y también de su entorno.
Este pedido de lxs jóvenes puede leerse como una demanda de que la escuela recupere su función como lugar de construcción y producción de subjetividad, y no solo de enseñanza académica. Así como también denuncia la resistencia del mundo adulto a darle un lugar a lo que sienten y piensan lxs adolescentes.
Para que lxs adultxs puedan alojar la angustia de lxs jóvenes, debe existir una red soporte donde la propia institución y el Estado funcionen como sostén de la comunidad educativa. La «fiabilidad ambiental» de la escuela depende de que lxs adultxs no reaccionen con miedo o represalia, sino con una escucha que aloje.
Al pedir hablar de salud mental en la escuela, lxs chicxs reclaman ese espacio donde la experiencia de «ser uno mismo» es inseparable del aprendizaje. Sostener la subjetividad es la condición necesaria para que realmente advenga la producción de conocimientos.
Quizás la convocatoria y el pedido al Forum Infancias tuvieron que ver con la necesidad de restablecer puentes que permitieran recorridos novedosos y creativos en la trama escolar.
Para dejar abierto…
Cuando las políticas públicas son expulsivas o crueles o la comunidad educativa deja de ofrecer el sostén necesario para el desarrollo emocional, lxs adolescentes encarnan estos discursos produciendo síntomas que son la expresión de una sociedad y sus instituciones que no pueden garantizar las condiciones necesarias para el despliegue de su subjetividad.
A la luz de los avatares de nuestros tiempos, no es conveniente ignorar el peso y la injerencia que la violencia y la crueldad pueden tener en el devenir subjetivo de los y las adolescentes. Así es que es preciso deslindar qué dispositivos y redes discursivas potencian devenires violentos y alojan la crueldad, por un lado; y cuáles favorecen el despliegue de potencias deseantes transformadoras, por otro.
La escuela es un lugar donde se disfruta y se sufre, un adentro y un afuera a la vez donde ocurre y transcurre la experiencia de ser. Ahora bien, frente a esta realidad que se impone, resulta imperioso favorecer construcciones colectivas que otorguen pertenencia e identidad y que se opongan a la crueldad, viabilizando la ternura como movimiento instituyente.
Referencias
Stolkiner, A.: Las formas de transitar la adolescencia hoy y la salud/salud mental: actores y escenarios. Novedades Educativas, 25 (268), I, 40-45. 2013.
AUTORES:
- Lic. Paola Lorena Bosco (Lic. en Psicología)
- Lic. Maria Julia García (Lic. en Nutrición)
- Lic. Lorena Louro (Lic. en Psicología)
- Lic. Diana Metzdorff (Lic. en Psicología)
- Lic. Alejandra Ruibal (Lic. en Psicología)
- Lic. Sebastián Sequeira (Lic. en Psicología)
- Lic. Belen Sivori (Lic. en Psicología)
- Lic. Carolina Vilas (Lic. en Psicología)
Miembros participantes de la Comisión de Adolescencias del Forum Infancias CABA









