Lo maquinal, lo humano y los procesos de subjetivación en el terreno educativo
Abordar la afectividad y los procesos de subjetivación en la experiencia educativa es abrirnos a la complejidad, lo cual significa mirar la realidad de manera integral, reconociendo que los problemas humanos están constituidos por una multiplicidad de elementos, que a su vez interactúan entre sí.
Los procesos de subjetivación nos sitúan ante la problemática entre el sujeto singular y el otro, imprescindible para la constitución del sujeto psíquico.
Este proceso es una construcción que lejos de tratarse de estados fijos, universales o aislados, está inserto y es influenciado por la cultura a través del lenguaje y del conjunto de instituciones, tal como la familia, la escuela, etc, que conforman el mundo social, epocal e histórico.
Como señala Michael Foucault dicho proceso es moldeado por el poder y por las normas de él derivadas y que al mismo tiempo busca encontrar espacios de autonomía y de afirmación propia, dando lugar a la singularidad.
El pensamiento complejo en el terreno de la educación
La escuela es un dispositivo central de producción de subjetividad que pone en tensión el disciplinamiento, la normalización, la conquista del conocimiento y la construcción de trayectorias propias, entre otros procesos.
Edgard Morin, recientemente fallecido a los 104 años, fue quien introdujo el concepto de complejidad en el terreno de la educación, preocupado por humanizar a la humanidad, luego de transcurridas las dos guerras mundiales.
Nos propuso pensar conectando los diferentes aspectos que componen una situación, visibilizando el conjunto de condicionamientos, paradojas y contradicciones atravesadas por las determinantes culturales, económicas, políticas, sociales, históricas, afectivas, etc.
Se trata de un pensamiento situado, singular y colectivo, diverso y plural, que va más allá de los binarismos que simplifican y fragmentan distorsionando nuestra mirada.
Sostenía que el conocimiento inevitablemente deja de lado aspectos que escapan a nuestra comprensión, pero que lejos de considerarlo una limitación entiende que ésta condición nos da la oportunidad para escuchar y considerar diferentes perspectivas, ya que una sola explicación no alcanza por sí misma para describir la totalidad de los acontecimientos.
Entonces se trata de desplegar una multiplicidad de perspectivas para salir de la idea, o de la idealización, de contar con un marco teórico único que se ofrezca como una suerte de modelo de pensamiento, desde sus conclusiones acerca del tema en cuestión.
En un mundo que premia la velocidad y las respuestas rápidas, el pensamiento complejo nos invita a demorarnos para abrirnos a un universo plural en el que nada permanece fijo ni aislado.
Paisaje actual
En la era de las pantallas y de la inmediatez, nos quedamos sin tiempo para la reflexión, en desmedro de lo humano frente a lo maquinal, que responde rápidamente a la velocidad del rayo y con certeza, sin dejar lugar para las contradicciones o las dudas.
Mientras la violencia crece y nos encontramos con la trampa de la «Gestión Emocional» que nos propone explicaciones e interpretaciones universales, inmediatas, individuales y clasificatorias, desde una perspectiva del control más que desde una pedagogía del afecto y la singularidad.
No somos frascos con etiquetas, ni es posible entender el sentir reduciéndolo al plano individual, de lo «positivo» o «negativo» ya que sería dejar de lado la complejidad del mundo afectivo, que siempre es vincular.
Más allá de la Gestión Emocional
Frente a la educación emocional estandarizada e individual la poética de la infancia plantea habitar la infancia como territorio para ir al rescate de la singularidad, de lo vivo y de lo vincular.
Byung-Chul Han, escritor y filósofo surcoreano, dice en su libro «La sociedad del cansancio», la autoexigencia de «éxito» y de «bienestar» genera agotamiento y nos resta capacidad para el análisis y para discernir acerca de la verdad. «Si el tiempo es dinero, la velocidad es poder… y se lo estamos delegando a las máquinas».
La importancia de tener un reloj con tiempo de sobra…la razón de la demora.
Si pensamos a las infancias desde su potencia constructiva, creadora e imaginativa y su enorme capacidad de asombro, comprenderíamos la importancia de contar con el tiempo necesario para favorecer su despliegue.
En dicho sentido, es entonces importante rescatar el valor de la demora para propiciar la pregunta que abre mundos, frente a las respuestas inmediatas, casi automáticas que obturan el pensar.
Del mismo modo cuando una niña o un niño se muestran inquietos, ansiosos o impacientes podríamos alojar su disrupción, la que merece ser atendida, no etiquetada, al considerarla su modo creativo y particular de mostrarnos lo que le pasa y de pedir ayuda.
Se trata entonces de sostener, sin imponer o intentar sujetar, pasando del «adulto que controla al adulto interlocutor» que acompaña desde la ética de la escucha y del encuentro, para liberarse de la maquinalidad, de actuar como un algoritmo que responde mecánicamente a estímulos.
Se trata del derecho a ser, siendo percibidos en nuestra singularidad y considerados una obra abierta, inacabada y en constante construcción
Los procesos de subjetivación son recorridos singulares que se van desplegando de un modo particular dando lugar a «acontecimientos nuevos», no previstos, pasando de ser «hablados por otros» a tomar la palabra desde el nombre propio, lo cual no permite generalizar ni normativizar el malestar, sino que requiere de espacios para la escucha, dando lugar al despliegue de la multiplicidad de sentires y sentidos.
La identidad no es algo dado, sino que se construye sin dejarse «etiquetar» haciendo evidente el contraste entre la «maquinalidad» y lo humano o lo vivo.
Mientras la máquina clasifica, predice y optimiza; lo humano aloja, se asombra y necesita del afecto y de la demora.
Lo que nos salva de ser máquinas es nuestra vulnerabilidad: el derecho a no ser eficaces, a dudar, a no ser funcionales sino a ser, simplemente.
Lo esencialmente Maquinal
La máquina está programada para la eficacia y la certeza.
Lo maquinal apunta al resultado.
El algoritmo no tiene cuerpo, no tiene angustia, deseo ni cansancio real.
No tiene mirada, ni ninguno de los demás sentidos.
No necesita del contacto de otros cuerpos.
La digitalización, si bien amplía los modos de comunicarnos, reduce el encuentro humano a una pantalla.
La inteligencia artificial puede combinar palabras de forma brillante pero no siente lo que dice ni tiene un propósito vital detrás.
Le falta un «para qué»
Lo maquinal es esencialmente acumulativo
Lo esencialmente Humano
Lo esencialmente humano se manifiesta en el error, en el tropiezo o en el «acto fallido». Reivindicar el derecho a equivocarnos es defender nuestra humanidad.
Podemos pensar el valor del error como creación.
Cuando un niño o una niña se equivocan no es un fallo de procesamiento, es una señal de cómo están construyendo su mundo.
Lo humano habita el proceso, con todas sus imperfecciones.
La corporalidad y la presencia viva es lo que no se puede digitalizar.
Lo humano requiere del encuentro de cuerpos en un espacio físico común para dar lugar al abrazo, a la calidez de una caricia, al valor del silencio compartido, al gesto de consuelo.
Lo humano es afectar y dejarse afectar por la cercanía física del otro.
Lo humano aporta el sentido ético: no preguntarnos si algo se puede hacer, sino si se debe hacer y a quién beneficia.
Lo humano es esencialmente narrativo.
Nosotros no solo procesamos datos, contamos historias para darle sentido a nuestra existencia, construyendo un pensamiento propio.
Crítica a la «Educación” emocional
La «Educación” emocional banaliza la complejidad subjetiva al clasificar de un modo moralizante las emociones, catalogándolas de «positivas» o «negativas» y considerando a la calma y a la quietud como el estado ideal y sinónimo de salud.
El silencio forzado y la calma no es bienestar, es disciplinamiento y más que educación es adiestramiento.
Lo que molesta se etiqueta como trastorno y se patologiza la diferencia.
Propuestas para una ética de la demora
Acciones concretas:
- Propiciar la demora: romper la inmediatez de las respuestas rápidas, estandarizadas y desconectadas de lo que pasa.
- Alojar el malestar: escuchar el «no aprender» como un mensaje creativo, como un modo particular en el que se expresa un pedido de ayuda.
- Respetar el derecho a la singularidad: respetar la paradoja y la contradicción
- Respetar los tiempos de los procesos de subjetivación y de aprendizaje.
- Rescatar la construcción colectiva: «Somos porque hay otros».
- .Crear espacios de conversación, de acercamiento y de escucha.
- Ampliar y enriquecer el lenguaje y la expresión de los afectos.
- Desarrollar y fortalecer la confianza en los vínculos pedagógicos.
- Respetar los Derechos de las infancias a ser amparados, protegidos y cuidados.
- Alojar y valorar las diferencias.
- Reconocer la función activa de la ignorancia o del no aprender, entendiendo que puede ser indicador de un sufrimiento psíquico.
- Rescatar la dimensión humana del aprendizaje reconociendo al conflicto como inherente a las relaciones.
- Transformar el conflicto y la diversidad en oportunidades de aprendizaje.
- Destacar la importancia de trabajar en colaboración, con y entre los niños, las niñas y docentes.
Y podríamos seguir agregando a esta lista otras propuestas que pongan en el centro los derechos de las infancias y las adolescencias…
Tres pilares de resistencia de la esencia de lo humano frente a lo maquinal
- El error como creación
La máquina busca la perfección y el resultado. Lo humano habita el proceso y el tropiezo.
Un niño que se equivoca no está fallando; está aprendiendo. El error es la grieta por donde aparece el sujeto singular.
- La presencia del cuerpo
La máquina no tiene piel, ni voz que tiembla, ni mirada.
Lo humano es afectar y dejarse afectar. La educación no es una transferencia de datos, es un encuentro entre cuerpos que se reconocen en el desamparo y en la necesidad de cuidado.
- El valor del tiempo de los procesos y del procesamiento
Lo maquinal es acumulativo (más datos); lo humano es narrativo (darle sentido a lo que se piensa o se hace).
Nosotros no «gestionamos “nuestras emociones, construimos, gestamos y creamos historias para poder ser y vivir en comunidad.
La idea fuerza es que educar es acompañar y amparar, no adiestrar.
Es crear un «nosotros» donde el malestar y el sufrimiento no se encubran con técnicas de autocontrol, de meditación, de respiración, o de aislamiento que apunten a sofocarlo, aquietarlo y controlarlo, sino que se transforme en palabra compartida y en creación colectiva.
Es, en definitiva, la sensibilidad y la capacidad de proteger a las infancias desde nuestra propia vulnerabilidad, como nuestra mayor riqueza frente a la eficacia fría de la máquina.
Concepto de niño/niña
Lo Maquinal
El que debe ser «civilizado» mediante la autogestión de competencias.
Lo Humano
Un ser cuya singularidad está en construcción y es un enigma a develar y a respetar, no a domesticar.
El lenguaje
Lo Maquinal
Como herramienta funcional, autorreferencial y descriptiva, que usa etiquetas como «ira», «ansiedad», “positivo», etc.
Lo Humano
Como territorio de juego, de metáfora y polisemia.
La palabra tiene «cuerpo», sonido y múltiples sentidos.
La emoción
Lo Maquinal
Un atributo individual, biológico e interno que debe ser regulado y administrado, o sea gestionado.
Lo Humano
Una relación vincular y cultural.
Es interpretación y expresión singular en un contexto compartido.
Objetivo pedagógico
Lo Maquinal
Adaptación: lograr la calma y la quietud, apuntando a alcanzar la mayor productividad.
(El «ideal de la tortuga»).
Lo Humano
Subjetivación: habilitar la pregunta, la demora y el asombro. Transformar el conflicto en creación.
Rol del adulto
Lo Maquinal
Que evalúa la «conformidad moral» y el grado de autocontrol del niño o la niña.
Lo Humano
Interlocutor válido, presente y asimétrico que aloja el malestar y habilita el deseo.
Criterio acerca del conflicto
Lo Maquinal
Eliminación de las tensiones y la disrupción mediante técnicas de autorregulación, como el Mindfulness, el yoga, las técnicas de respiración, el frasco de la calma, etc)
Lo Humano
Aceptación del conflicto como inherente a lo humano que pone en tensión las diferencias y reconoce la alteridad.
El derecho a ser «singulares»
Frente a la Ley de Educación Emocional que propone que todo sea etiquetado, medido y clasificado (lo maquinal), lo narrativo defiende el derecho al enigma o sea a la pregunta.
La ética de la demora
En un mundo de inmediatez y algoritmos, la escuela y la clínica deberían ser refugios para la lentitud.
La idea fuerza es que el pensamiento, el vínculo y el lenguaje necesitan tiempo para «hacerse cuerpo». La rapidez mata la capacidad de asombro; la demora permite los procesos de subjetivación y de aprendizaje.
Ante el vaciamiento del lenguaje (el paso de la metáfora a los emojis) surge la fuerza para recuperar la potencia poética y creativa de la palabra: entender que hablamos no solo para transmitir información, sino para inventarnos a nosotros mismos y a nuestros vínculos, para desplegar nuestro mundo simbólico e imaginario y para alojar los sentires y el dolor, lo cual no tiene receta posible.
La «Educación Emocional» y la «infancia como territorio poético» no son solo enfoques distintos, sino cosmovisiones en conflicto.
La resistencia de lo singular
Lo maquinal: clasifica, etiqueta, predice, propone optimizar el rendimiento y se orienta a lo inmediato.
Lo humano: aloja, escucha, se sorprende ante lo imprevisto, reflexiona y es histórico (tiene memoria y tiempo).
Al final del día, lo que nos hace humanos frente a la máquina es nuestra vulnerabilidad.
Una máquina no puede ser vulnerable porque no puede morir ni sufrir.
Por eso, acompañar el sufrimiento de un niño o de una niña sin querer «repararlo» inmediatamente con una técnica de respiración es el acto más humano y menos maquinal que un docente o un terapeuta puede realizar.
La distinción entre «procesar» y «sentir» entre » gestionar » y » gestar » nos ayuda a pensar la crítica a la ley de Educación emocional y a la intervención de la IA ante los problemas relativos al sufrimiento humano.
Educar es proteger los derechos de las infancias para que no caigan en la nada del desamparo, permitiéndoles que cada vida encuentre su propio ritmo poético dado que todos los niños son únicos.
Un niño o una niña no son un conjunto de variables a optimizar, sino una singularidad que debe ser respetada y protegida, no avasallada.
Bibliografía
Bleichmar, Silvia, (2006) La construcción del sujeto ético. Editorial Paidos, Buenos Aires, Argentina
Foucault, Michael, (1978) Microfísica del poder, Las ediciones de la Piqueta, Madrid, España
Han, Byung Chul, (2010) La sociedad del cansancio. España, Barcelona Herder Editorial.
Morín, Edgard, (1990) Introducción al pensamiento complejo. Madrid, Editorial ESF – Fundación Europea de la Ciencia.
Morín, Edgard, (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. París, Francia. Publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Najmanovich, Denise, Complejidades Del Saber. Noveduc editorial, Buenos Aires. Argentina.
Maestra, Psicoanalista especializada en Clínica con niñxs, Psicodramatista,
Capacitadora docente,
Miembro del Forum Infancias, autora de los libros «¿Las emociones se educan?» e «Interrogando a la educación emocional» publicados por Lugar Editorial









