Algunas consideraciones sobre el Backlash

Durante mi recorrido como perito de parte y como profesional tratante en infancias judicializadas, he visto que las formas de defensa para personas que han sido denunciadas por sospecha de violencia sexual han ido variando, mutando y alternando a través del tiempo y del caso por caso.                      

Uno de los argumentos que aparecen o resuenan en los procesos judiciales en casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolecentes, para desacreditarlos, es que, precisamente, niños/as y adolescentes mienten.

Otra vertiente a la que se le ha dado lugar son los tiempos de la memoria, el paso del tiempo, y los falsos recuerdos.  Los niños inventan, mienten, imaginan, fantasean, no recuerdan a edad temprana, más adelante vendrá que son las madres quienes hacen mentir a sus hijos/as.

El objetivo claramente está en acallar, silenciar, desestimar la voz en las infancias. 

Cuando hay un relato de una escena sexual adulta, la mentira no tiene cabida.

Con la convención de los derechos del niño y la ley de Protección integral (ley 26061) sancionada en el 2005, se garantizan los derechos de NNyA, entre ellos “El derecho a ser oído” como sujetos de derechos.

 Se habla cómo se puede y cuándo se puede, incluso con silencios, síntomas que brotan, juegos, dibujos, indicadores que marcan que algo no está bien, modos, formas y defensas que atentan, alertan, alternan y alteran la subjetividad infantil. Se pretende que puedan tener un relato prolijo y ordenado, se pretende la palabra cuando la misma está varada, en jaque. Se pretende y se le exige pruebas al padecimiento subjetivo en clave de adulteces.

Otra de las formas en la que la defensa acecha es a través de las madres protectoras, las madres que acompañan la denuncia y todo el proceso judicial, con lo que eso implica y representa. 

El SAP (síndrome de alienación parental) es un falso constructo, inventado y funcional a la defensa para, en este caso y en esta instancia, ir por las madres como promotoras de un “lavado de cabeza”. El SAP no es avalado ni validado por el DSMV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) ni por el CIE 10. Tampoco adhieren Fepra (Federación de Psicólogos y Psicólogas de la República Argentina), APBA (La Asociación de Psicólogos de Buenos Aires), El Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba, El Colegio de Psicólogos de San Isidro, La Defensoría de los derechos de NNyA de la República Argentina, La OMS, la Asociación American de Psiquiatría como la de Psicología, La asociación Española de Neuropsiquiatría. En resumen, ha sido invalidado por la comunidad científica nacional e internacional. 

 Acá se trata de invalidar a las madres como “locas, despechadas, vengativas, exageradas, histéricas que inventan cosas para ensuciar y deshonrar la imagen del padre. Las madres que son capaces de todo”.

Con esto no digo que no haya casos donde la violencia sexual o el maltrato venga desde el lugar de la madre, seguro que esto sucede, es y está. Ahí hay otro mito que hay que desarmar, no siempre lo mejor para un NNyA es la madre, no porque sea madre y mujer queda eximida de una posible situación de violencia, pero también sepamos que son casos aislados, estadísticamente la proporción es significativamente menor en relación al delito perpetrado por los hombres que responde más a una configuración y modelo patriarcal como sostén y estructura social de poder.

Retomando, las madres protectoras son las que también sufren la revictimización en la justicia, por falta de una justicia con perspectiva de género y de infancia. El recorrido es desgastante y hostil. Frente a tanta violencia, resisten con valentía.

 

En el 2024, no es menor, se hizo un Congreso en un aula de la Facultad de Derecho para presentar, exhibir y darle visibilidad de “legítimo”, “válido” al síndrome por alienación parental. Esto no es casual, no es ingenuo, es parte de las políticas actuales que engendran estas movidas violentas de impunidad contra las madres y las infancias. 

El último eslabón, la caza de profesionales intervinientes en los procesos judiciales. La denuncia a profesionales intervinientes.

Hay una inducción, contaminación del discurso, co-construcción del relato a través del profesional. Hay una falsa denuncia. 

Estas son las formas de desacreditar la voz profesional como artimaña de defensa.

En la actualidad. en el senado se está por debatir la ley de falsas denuncias con todo lo que eso significa. Amordazar y aleccionar a las infancias, a las mujeres y por último a profesionales intervinientes.

Ahora bien, me pregunto como profesional, ¿cómo resguardarse (nos), ante semejante hostilidad sin retirarse del campo bajo la bandera de resignación, miedo por ser denunciadas/os? ¿Cómo lidiar con la violencia sin ser parte de ella? 

¿Dónde quedan esas infancias en ese mientras tanto, en ese “entre”, en esa espera, si no hay alojo? Hay desalojo, no hay lugar. 

Mientras la justicia carezca de perspectiva de género, de derechos y de infancia y haya un vaciamiento de políticas públicas afines y preventivas, las infancias quedan en jaque.

Lic. Joana Rowinski
Lic. Joana Rowinski

Psicóloga Clínica (UBA).
Perito de parte de niños, niñas y adolescentes en causas penales por abuso sexual infantil.
Supervisora y Asesora en la temática.
Compiladora del libro “La deshumanización de la justicia en infancias vulneradas”, Ed. Ricardo Vergara Ediciones. Compiladora del libro “Violencia de género, abordaje interdisciplinario”, Ed. Ricardo Vergara Ediciones – Declarado de Interés por la Legislatura Porteña.
Co compiladora con Carla Elena del libro “Feminismos y adolescencias”, Editorial Raíces – Declarado de Interés por la Legislatura Porteña.
Autora de “Cartas al cielo”, Ed. Raices

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