La Ola Comunitaria: Surf, Salud Mental y la Disputa por el Derecho al Goce en la Costa

Dispositivos populares de alojamiento subjetivo para infancias y juventudes vulneradas frente a las fronteras invisibles del privilegio

Experiencia Colectiva: Dispositivo de Salud Mental Comunitaria «Olas del Alma Argentina» (#SurfTherapy) • Maranatha Surf • Dispositivo «Vientos de Libertad»

Resumen:

El presente artículo analiza una experiencia sociocomunitaria y terapéutica de surf orientada a niños, niñas y jóvenes de sectores populares en localidades costeras bonaerenses. A partir de los marcos conceptuales de la salud mental comunitaria y el sanitarismo argentino, se discute la paradoja urbana de aquellos sujetos que, habitando en la proximidad de la costa y habiendo transitado la arena, se encuentran privados de una verdadera apropiación simbólica y afectiva de ese espacio. El surf, históricamente codificado como una práctica de élite, es reapropiado como un dispositivo de alojamiento, lazo social y restitución subjetiva. Se propone que la democratización del territorio y del cuerpo no constituye una mera acción recreativa, sino un acto soberano de justicia social y una batalla cultural indispensable para la salud colectiva.


El Mar como Frontera Invisible

Habitar la costa atlántica argentina suele asociarse, en el imaginario colectivo y las lógicas del mercado turístico, al bienestar, el descanso y el privilegio. Sin embargo, las geografías de nuestras ciudades balnearias reproducen de manera cruda las fracturas de la estructura social. Existe una realidad incómoda y permanente: la de aquellos niños y jóvenes que, aun viviendo en la proximidad geográfica de la costa y habiendo pisado sus arenas, se encuentran privados de una verdadera apropiación simbólica y afectiva de ese espacio.

 

La playa suele presentarse ante ellos no como un territorio de pertenencia, sino como un paisaje ajeno; un escenario de tránsito o de fondo que pertenece legítimamente al turismo y a las élites, pero del cual están subjetivamente excluidos. Esta distancia, que no se mide en kilómetros sino en barreras socioeconómicas y simbólicas, opera como un abismo insalvable.

 

El equipo e identidades compartidas en la arena


Figura 1. El lazo e identidad colectiva del equipo y los jóvenes de «Olas del Alma Argentina», «Maranatha Surf» y «Vientos de Libertad» habitando la costa de forma integrada.

Alfredo Carballeda conceptualiza la intervención en lo social advirtiendo que el neoliberalismo no solo fragmenta las economías, sino que instituye «cartografías de la exclusión» y produce fronteras invisibles que dividen el mapa urbano entre espacios de consumo legítimo y zonas de desecho. La playa, capturada por la lógica inmobiliaria y la estética hegemónica de las clases medias y altas, expulsa silenciosamente a los sectores populares.

No se requiere un muro de hormigón; basta con la imposición cultural de que ese territorio «no les pertenece». Cuando el cuerpo del joven de barrio popular transita la costanera, es inmediatamente objeto de sospecha o mirada segregadora. Romper esa barrera invisible es el primer paso metodológico de nuestra práctica.

"Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a las angustias, la tristeza y el desamparo de los pueblos, los microbios son unas pobres causas de enfermedad."

Despatologizar y Subjetivar desde el Lazo Social

La Salud Mental Comunitaria, en su vertiente crítica latinoamericana, nos exige desmontar la matriz clínica tradicional que reduce el sufrimiento psíquico a un problema biológico e individual tratable únicamente entre las cuatro paredes de un consultorio. Emiliano Galende ha insistido rigurosamente en que la salud mental es, fundamentalmente, un proceso social y cultural. La subjetividad humana no brota del aislamiento; se construye en la trama vinculante con los otros y con el entorno histórico que se habita.

En este sentido, Silvia Bleichmar aporta un andamiaje crucial al recordarnos que la constitución subjetiva en la infancia y la juventud requiere de un anclaje simbólico y de la oferta de un horizonte de futuro por parte del mundo adulto. Frente a los procesos de desolación y desamparo que produce la exclusión, las instituciones y los dispositivos comunitarios deben funcionar como activos «productores de subjetividad» y no como meros administradores del síntoma.

El sufrimiento de las infancias vulneradas no precisa de etiquetas patologizantes ni de psicofármacos reguladores, sino de espacios que alojen, den amparo simbólico y abran la posibilidad de proyectarse legítimamente en el mundo.

La Matriz Pichoniana en el Agua

El surf comunitario introduce un elemento radical: el uso del mar y la tabla como mediadores de un aprendizaje colectivo. Enrique Pichon-Rivière definía al sujeto como un «ser de necesidades que solo se satisfacen socialmente en relaciones de vínculo». La experiencia en el mar modifica radicalmente la estructura vincular de los jóvenes. El mar, con su inmensidad y su fuerza dinámica, impone la necesidad inmediata del cuidado mutuo y la solidaridad.

Entrar al agua no es una gesta individual de dominio sobre la naturaleza; es una tarea que se sostiene colectivamente. El grupo operativo se despliega en la rompiente: los coordinadores sostienen el cuerpo, los compañeros alientan desde la orilla, y la acción de «barrenar juntos» unifica el esfuerzo y la alegría.

Se produce aquí lo que Pichon-Rivière denominaba la mutua representación interna: el pibe ya no se ve a sí mismo como el desecho social que los discursos hegemónicos criminalizan, sino como un par indispensable dentro de un equipo capaz de domar la ola. La autoestima colectiva e individual se eleva, operando una transformación de la conciencia y la identidad psíquica.

El Derecho al Goce: Una Batalla de Clases

Apropiarse de ese deporte y de ese territorio es un acto de soberanía popular. Aquí recuperamos la más profunda doctrina peronista y sanitarista. Eva Perón, en La razón de mi vida, expresaba con absoluta claridad que las obras, colonias de vacaciones y hogares destinados a los sectores populares debían poseer el máximo nivel de belleza y confort, porque «los humildes tienen pleno derecho a la belleza».

Negarles el mar, la técnica deportiva o el disfrute estético de la naturaleza es una forma de violencia institucional. Organizar la comunidad para colectivizar el goce desactiva la premisa neoliberal que dicta que los sectores postergados solo tienen derecho a la supervivencia biológica o a la asistencia precarizada.

Esta disputa cobra un cariz urgente al observar que, para las infancias y juventudes vulneradas de la periferia, la playa suele presentarse históricamente bajo una única condición: como un espacio de trabajo informal, precarización o explotación. Son los pibes que caminan la arena vendiendo bajo el sol o recolectando los desechos del consumo ajeno.

Invertir esa lógica y ofrecer la costa desde la perspectiva de la destreza corporal, el juego y el placer puro implica torcer el destino asignado por el mercado. No se trata simplemente de que los pibes conozcan la costa; se trata de que accedan al placer, a la destreza corporal y a la dignidad que ese entorno ofrece.

«Donde el mercado traza fronteras de exclusión y privatiza el paisaje, la salud mental comunitaria y la organización popular tienden puentes de dignidad y soberanía colectiva.»

— EJE DE PRAXIS COMUNITARIA

Consideraciones finales

La experiencia analizada demuestra que la salud mental de los pueblos se disputa en el territorio. Alejandra Barcala nos recuerda la urgencia de diseñar políticas públicas y dispositivos territoriales con perspectiva de derechos humanos que pongan en el centro el bienestar afectivo de los jóvenes. Conquistar la posibilidad del disfrute en la rompiente marina equivale a derribar los muros de la opresión simbólica.

Quienes sostienen esta propuesta terapéutica y social en el territorio conocen de cerca la templanza propia del surfista: esa mística paciente de sentarse sobre la tabla a mirar el horizonte, descifrando el movimiento del agua mientras se esperan mejores olas. Hoy se transitan tiempos duros, donde las corrientes soplan con fuerza en contra de los más vulnerables; pero allí se permanece con los pibes, mar adentro, surfeándola en comunidad y con la firmeza colectiva que otorga la inquebrantable ilusión de que un mejor tiempo vendrá y que la marea de la justicia social volverá a poblar nuestras playas.

Los oficios del lazo y el trabajo entre varios

Por lo tanto, pensar la escuela y las escenas que irrumpen en lo escolar como espacio de cuidado supone reconocer que enseñar es también un oficio del lazo. En esta perspectiva los trabajos educativos y de cuidado se desarrollan en relación con otros y comprometen la construcción de vínculos, la transmisión y la responsabilidad por lo común. Esta dimensión del trabajo escolar no puede reducirse a una técnica ni resolverse mediante cuestiones o procedimientos burocráticos. Al contrario, las situaciones complejas requieren colectivos capaces de pensar, escuchar e intervenir desde el deseo subjetivante y no desde el castigo o lo punitivo.

La referencia de Antonio Di Ciaccia a la práctica entre varios resulta muy interesante para interrogar la tendencia a localizar el problema en un único profesional o en un único sujeto. El autor plantea que no se trata de sumar especialistas que produzcan informes sobre un mismo “caso”, sino de construir un trabajo en el que diferentes posiciones puedan ponerse a conversar y elaborar hipótesis compartidas y posibles alojamientos subjetivos.

¿Qué podemos pensar juntos que ninguno de nosotros podría pensar solo?

Esta pregunta desplaza la ilusión del saber total y recupera el valor de los equipos como espacios de producción de pensamiento. Para ello se necesitan tiempos institucionales, formación y trabajo interdisciplinar y, por supuesto, condiciones que permitan poner en tensión la variable “no hay tiempo”, “no podemos porque no tenemos el tiempo”, “¿de dónde vamos a sacar el tiempo?”, etc. Esta línea de trabajo permitirá transformar la suma de intervenciones individuales en una construcción colectiva y de reflexión crítica.

¿Quién sostiene a quienes sostienen?

Las instituciones educativas no pueden responder indefinidamente a la complejidad social sin condiciones materiales y profesionales adecuadas. La falta de inversión en equipos de profesionales en las escuelas, la insuficiencia de espacios de formación permanente, la ausencia de tiempos institucionales para reflexionar sobre las prácticas y la creciente burocratización de las tareas afectan directamente la capacidad de las escuelas para intervenir frente a las problemáticas que hoy se desarrollan en ellas. Frente a cada dificultad el sistema responde agregando una nueva normativa, un nuevo protocolo, un nuevo formulario o una nueva obligación administrativa, sin generar simultáneamente condiciones para sostenerlos. La responsabilidad se desplaza hacia quienes están en territorio. La escuela queda sola frente a los problemas que exceden ampliamente sus posibilidades. Aquí, otra vez, aparece el rol del Estado como garante de los derechos y, al mismo tiempo, gobiernos que ocupan el Estado para destruir o des-subjetivar, abandonando la función de una intervención posible, amorosa y que aloje a todos y todas. 

Aparece una responsabilidad política que no puede diluirse. Quienes gobiernan y quienes conducen las políticas educativas tienen la obligación de garantizar condiciones mínimas para que el derecho a la educación sea efectivo. La sanción y la regulación pueden ser necesarias, pero no pueden convertirse en las únicas respuestas del Estado. También debe existir responsabilidad por la falta de inversión, por la ausencia de equipos suficientes, por la falta de formación y por las condiciones laborales que producen malestar y agotamiento en quienes sostienen cotidianamente las escuelas.

La pasión de lo posible. Seguir pensando cómo alojar en las nuevas constituciones subjetivas hoy

Tal vez el caso de J. no pueda cerrarse con una respuesta definitiva. Algunas situaciones exigen continuidad, seguimiento, reflexión y construcción colectiva, tal como se dijo más adelante. El desafío consiste en evitar que la emergencia se convierta en la única manera posible de intervenir. Se considera que después de la emergencia comienza otra tarea: volver a mirar, volver a escuchar, reconstruir la trayectoria, pensar qué ocurrió antes y qué posibilidades pueden abrirse después. Para ello es necesario nuevos entramados institucionales, espacios de reflexión, equipos suficientes y colectivos profesionales capaces de producir saber sobre aquello que acontece en el territorio.

Las preguntas y el trabajo en territorio continúan. Queda estar, acompañar, seguir formando y construir espacios colectivos que permitan pensar con otros y otras. También queda la posibilidad de irrumpir y desobedecer pedagógicamente cuando una respuesta automática pretenda convertir la complejidad de una vida en una casilla de un formulario. No se trata de desobedecer las normas que protegen derechos, sino de resistir aquellas prácticas que, en nombre de la regulación, clausuran la posibilidad de pensar. Preguntar antes de etiquetar, escuchar antes de patologizar o derivar, construir colectivamente antes de individualizar y sostener la continuidad cuando la expulsión parece ser la única alternativa.

Educar sigue siendo una apuesta por el otro, por la palabra, por el lazo social y por la igualdad de oportunidades. Los oficios del lazo social son profesiones que hacen frente a situaciones de vulneración de derechos, recomponer la mirada y las hendiduras con las que vienen los sujetos para desafiar la noción de “destinos “pre-fijados”. Modificar el trabajo por la apuesta amorosa y colectiva es la tarea. Sostener espacios que conmueven desde lo HUMANO también, donde el otro tenga el lugar de ser el horizonte de posibilidades y de futuro en la sociedad. Quizás allí se encuentre todavía el motor y una de las tareas políticas más importantes de la escuela: sostener la posibilidad de “lo común” y que algo diferente pueda acontecer-nos.

Referencias académicas y comunitarias

  • Barcala, A. (2016). Infancias y juventudes: Dispositivos comunitarios y derechos en Salud Mental. Buenos Aires: Lugar Editorial.
  • Bleichmar, S. (2005). La subjetividad en riesgo. Buenos Aires: Topía Editorial.
  • Carballeda, A. J. M. (2010). La intervención en lo social: Exclusión e integración en nuevos escenarios. Buenos Aires: Paidós.
  • Carrillo, R. (1951). Teoría del Hospital y Sanitarismo Argentino. Buenos Aires: Ministerio de Salud Pública. Galende, E. (2015). Conocimiento y prácticas de Salud Mental Comunitaria. Buenos Aires: Editorial Place.
  • Pichon-Rivière, E. (1985). El proceso grupal: Del psicoanálisis a la psicología social. Buenos Aires: Nueva Visión. Perón, E. (1951). La razón de mi vida. Buenos Aires: Peuser.

Redes e instituciones de la experiencia territorial

  • Dispositivo de Salud Mental Comunitaria «Olas del Alma Argentina»: instagram.com/ olasdelalma.argentina
  • Escuelita de Surf Maranatha: instagram.com/escuelita.de.surf.maranatha (Red #SurfTherapy)
  • Dispositivo Vientos de Libertad: Movimiento de acompañamiento comunitario en consumos e infancias vulneradas.

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